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LA FRASE

"Los españoles pertenecemos a la categoría de colectivos a los que tradicional e históricamente preocupó mucho más la diferencia de clases y la injusticia socialque las libertades individuales.

Se perdona mal a los ricos y empresarios la ostentación y el agravio, mientras que los funcionarios públicos pueden difundir secretos, realizar escuchas, propagar infamias y otras mil maneras pergeñadas para el abuso del poder."

domingo, octubre 24, 2010

La Morritos.

Parece que una salida de tono (oh, dulce nombre de la libertad de expresión) de Francisco Javier León de la Riva, Alcalde de Valladolid, sobre Leire Pajín ha desatado las iras de la “progresia” española. Por desgracia para los ciudadanos que la sufrimos día a día en el foro público, a la socialista no se la conoce otro merito que esos morritos por los que emite consignas contra la oposición o nos informa de “acontecimientos  planetarios”. No obstante, Zapatero la ha premiado con un puesto en el Gobierno de la Nación “discutida y discutible”. Pero acaso necesita Pajín del concurso del Alcalde de Valladolid para sentirse atacada en su dignidad. Pues no. Es ella misma la primera que denigra la imagen publica de la mujer y la suya propia, protagonizando un innecesario y improcedente beso público (¡en los morros!) con Bibiana Aído (tal para cual) o tonteando con el propio Zapatero ante los periodistas. Ella sola confirma lo que otros callan, que no esta ahí por nada que pueda ser respetable o respetado.

miércoles, octubre 13, 2010

Valle de los Caídos: derecho, información y poder.


Hace unos años escribí sobre la retirada de la estatua de Franco en Madrid, realizada con nocturnidad y alevosía por el Gobierno nacional. Las cosas no parecen haber cambiado mucho. La decisión se tomo entonces recién aprobada Ley de Memoria Historia (LMH) y sin preguntar a los madrileños; asunto que me parecieron mal.

En aquella ocasión relacione el acto con la practica legal romana de dejar a aquel que asaltaba una casa particular en manos de su dueño para que dispusiera como gustase de su vida (desde esclavizarlo a matarlo, pero también dejarlo libre). Hoy día esta solución nos puede parecer excesiva, pues quien no podría aprovechar para fingir o simular dichos asaltos con el fin de vengarse o ajustar cuentas personales (los romanos lo hacían), sin embargo, su fundamento se encontraba en el respeto y delimitación correctas de las esferas publica y privada, de lo común y de lo privativo, en el fondo de los derechos que a cada cual correspondían. Los romanos consiguieron, y he ahí su grandeza, conjugar dos tradiciones opuestas, ambas de origen griego y que en su momento habían dividido a la sociedad ateniense: la “vida cívica” de Solon y Pericles, pero también en las versiones críticas o realistas de Platón o Aristóteles, con aquellas creencias de estoicos o hedonistas en el individualismo y la exhaltación de la vida privada e interior. Fue la traición a dichos ideales lo que acabo con Roma, siendo las otras causas (conversión en Imperio, persecución o asimilación del cristianismo, intervencionismo económico) meras consecuencias del abandono de sus principios, haciendo buena la máxima de que la crisis moral es el primer cáncer de las sociedades políticas, siendo la crisis institucional o la económica su continuación natural. Nada de esto ha dejado de ser cierto.