Charles, Dickens, autor de la celebre Oliver Twist, entre otras novelas, ha pasado a la historia como uno de los grandes literatos ingleses. No seré yo quien niega la calidad de sus historias y el atractivo a sus personajes, y a pesar del exceso de sentimentalismo que obliga al lector a empatizar con aquellos, bajo la subliminal amenaza de ser considerado un desalmado si no lo hace. La humanización y dignificación de los desamparados y marginados sociales es una empresa meritoria y de agradecer frente a las literaturas más formalistas, elitistas o vulgares, dominantes. Sin embargo, al abrigo de la llamada "literatura social", Dickens, junto a otros tantos escritores de la época, acabo siendo responsable de la proliferación de numerosos mitos negativos sobre el siglo XIX (posteriormente aceptados de forma mayoritaria) y, en definitiva, sobre la "era liberal".
Un estudio publicado en la edición navideña del British Medical Journal prueba, citando fuentes directas, que la dieta que disfrutaban los huérfanos y pobres en los hospicios y casas de trabajo inglesas, como los descritos en Oliver Tiwst, era la adecuada a los conocimientos científicos de los que se disponía, y, es más, que de los datos extraídos por los investigadores, en ningún caso puede afirmarse que pasasen hambre. Además, no se existe constancia documental de abusos y vejaciones por parte de los responsables de esos centros. Para los responsables del estudio debieron producirse, pero nunca de manera sistemática. Por desgracia, mientras el ser humano sea eso, humano, existirán malas personas que se aprovechen o maltraten a los más débiles, es inevitable. No obstante, resulta difícil imaginar que
Hayek, en Ley, Legislación y Libertad, nos recuerda que durante la "era liberal" existieron formulas para paliar la situación de los pobres, incapaces, parados y desamparados, véase sino la británica Ley de Pobres de 1834. En otra obra, El capitalismo y los historiadores, editada y prologada el propio Hayek, demuestró, a través de varios ensayos de diferentes autores (Jouvenel, Hartwell) como la revolución industrial y la ideología capitalista contribuyeron a mejorar las condiciones de vida de las masas más allá de lo imaginable apenas un siglo antes, y como aquello aupó a
En fin, tal vez merezca la pena que el BMJ dedique un espacio en el próximo especial de navidad para un estudio sobre la personalidad de Dicekns, en particular, sobre como pudo desarrollar una aberrante obsesión en contra del capitalismo. Puede que fueran las privaciones de la niñez que le obligaron a trabajar en una fábrica y que, curiosamente, no le impidieron convertirse a la edad de 27 años en uno de los escritores más conocidos y respetados del país. Guste o no, el librecambismo y el capitalismo contribuyeron a mejorar la situación de miles/millones de personas en el Reino Unido, incluida la del señor Dickens.