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LA FRASE

"Los españoles pertenecemos a la categoría de colectivos a los que tradicional e históricamente preocupó mucho más la diferencia de clases y la injusticia socialque las libertades individuales.

Se perdona mal a los ricos y empresarios la ostentación y el agravio, mientras que los funcionarios públicos pueden difundir secretos, realizar escuchas, propagar infamias y otras mil maneras pergeñadas para el abuso del poder."

UN TOQUE LIBERAL

lunes, febrero 26, 2007

Lectura: El cálculo económico en el sistema socialista (por Ludwig Von Mises) (1)

EL CÁLCULO ECONÓMICO Y LA ECONOMÍA CAPITALISTA


1. Contribución a la Crítica del concepto "actividad económica"

La ciencia económica tuvo su origen en la discusión sobre el precio, en dinero, de bienes y servicios. Sus inicios se encuentran en investigaciones sobre el acuñamiento de monedas, que derivaron hacia investigaciones sobre las fluctuaciones de precios. El dinero, los precios en dinero y todo lo concerniente a cálculos en dinero, constituyen los problemas de los cuales surgió la ciencia de la economía. Tales intentos de investigación econ6mica, discernibles ya en tratados sobre administración casera y organización de la producción, especialmente de tipo agrícola, no siguieron desarrollándose en la misma dirección. Pasaron a ser sólo el punto de partida para diversos departamentos de tecnología y de ciencias naturales. No sucedió así por accidente, pues solo a través de la racionalización inherente a los cálculos económicos basados en el empleo del dinero podía la mente humana comprender y seguir la huella de su acción.

Los primeros economistas no se preguntaron qué significaban en realidad "economía" y "actividad económica". Ya tenían suficientes problemas con las grandes tareas que presentaban los temas específicos que los preocupaban. No los inquietaba la metodología. Sólo mucho después empezaron a lidiar con los métodos y objetivos finales de la economía y con su lugar dentro del sistema general de conocimientos.

Fue entonces cuando se encontraron con un obstáculo aparentemente insuperable: el problema de definir el tema mismo de la actividad económica.

Todas las investigaciones teóricas, tanto las de los economistas clásicos como las de los modernos, se inician con el principio económico. Sin embargo, como se vio muy luego, éste no proporciona una base para definir claramente el tema mismo de la economía. El principio económico es un principio general de acción racional y no un principio específico de la acción que constituye el tema de la investigación económica [i]. El principio económico es un principio que dirige toda acción racional, toda acción capaz de llegar a ser el tema base de una ciencia. En cuanto a lo que a problemas económicos tradicionales se refiere, parecía absolutamente ineficaz para separar lo "económico" de lo "no económico"[ii] .

Por otra parte, era igualmente imposible dividir las acciones racionales de acuerdo a los fines inmediatos a los cuales estaban dirigidas y a considerar como tema de la economía sólo aquellas acciones dirigidas a proporcionar a la humanidad artículos de comercio del mundo exterior. La objeción decisiva contra tal procedimiento es que, en último análisis, la provisión de bienes materiales no sólo sirve aquellos fines generalmente denominados "económicos", sino también otros fines.

Tal división de los motivos de acción racional involucra una doble concepción de la acción: por una parte, la acción basada en motivos económicos y, por otra, la acción fundada en motivos no-económicos, concepto que es absolutamente irreconciliable con la necesaria unidad de voluntad y acción. Una teoría de la acción racional debe concebir esa acción como unitaria.

2. Acción racional

La acción basada en la razón, que por lo tanto sólo puede ser comprendida por la razón, sólo tiene un objetivo: el mayor placer del sujeto actuante. Sus intenciones son: lograr el placer y evitar el dolor. Naturalmente, al hablar de placer y dolor no usamos estos términos en el sentido tradicional.

En la terminología del economista moderno, por placer se entiende todo aquello que los hombres encuentran deseable, todo aquello por lo cual luchan y se esfuerzan. No cabe, por lo tanto, ninguna comparación entre la "noble" ética del deber y la baja ética hedonista. El concepto moderno del placer, de la felicidad, de la utilidad y de la satisfacción incluye todos los fines humanos, sean los motivos de la acción morales o inmorales, nobles o innobles, altruistas o egoístas[iii].

En general, los hombres actúan porque no están totalmente satisfechos. Si gozaran siempre de felicidad completa, carecerían de voluntad, de deseos, de acción. En el país de los comedores de lotos no existe la acción. La acción surge de la necesidad, de la insatisfacción. Es una lucha por conseguir algo. Su objetivo final es salir de una condición considerada deficiente, llenar una necesidad, lograr una satisfacción o aumentar la felicidad. Si los hombres contaran con todos los recursos de la naturaleza en abundancia, para lograr la satisfacción completa por medio de la acción, utilizarían esos recursos indiscriminadamente; sólo tendrían que considerar sus propios poderes y el tiempo limitado del cual dispondrían. Porque, comparada con la suma de sus necesidades, sólo tendrían una fuerza y un plazo de vida limitado con el cual contar. Tendrían que economizar siempre tiempo y trabajo, pero permanecerían indiferentes a la economía de materiales. De hecho, los materiales también son limitados, por lo cual deben ser empleados en forma tal que se satisfagan primero las necesidades más urgentes, con el gasto mínimo de materiales para satisfacer cada necesidad.

Por lo tanto, las esferas de acción racional y de acción económica son coincidentes. Toda actividad económica es una acción racional. Toda acción racional es, ante todo, una acción individual. Sólo el individuo piensa. Sólo el individuo razona. Sólo el individuo actúa. Lo que demostraremos más adelante en nuestra exposición es cómo de la acción de los individuos surge la sociedad.

3. Cálculo económico

Hasta donde es racional, toda acción humana aparece como el intercambio de una condición por otra. El hombre invierte bienes económicos, tiempo y trabajo en aquello que en determinadas circunstancias le promete un mayor grado de satisfacción, abandonando la satisfacción de necesidades menores para satisfacer necesidades más urgentes. Esta es la esencia de la actividad económica: la ejecución de actos de intercambio[iv].

Todo hombre que en el curso de la actividad económica elige entre dos necesidades, de las cuales sólo puede satisfacer una, está ejerciendo un juicio de valor[v]. Este juicio se refiere en primer lugar y directamente a las satisfacciones mismas; de ellas pasa a reflejarse sobre los bienes. En general, toda persona en pleno uso de sus sentidos es capaz de evaluar bienes dispuestos para el consumo. En condiciones simples, tampoco le sería muy difícil formarse un juicio respecto al significado relativo de los factores de producción. Sin embargo, cuando las situaciones se complican y se hace más difícil detectar la relación entre las cosas, tendremos que efectuar operaciones más delicadas si pretendemos evaluar esos instrumentos. El hombre individualmente puede decidir fácilmente si aumentará sus cacerías o sus cultivos. Los procesos de producción que tiene que tomar en cuenta son relativamente breves. Los gastos que demandan y el producto que entregan pueden calcularse simplemente en conjunto. Pero decidir si se utilizará una caída de agua para la producción de electricidad, o para expandir una mina de carbón y aprovechar la energía contenida en el carbón, ya es cosa muy distinta. En tal caso los procesos de producción son tan largos y variados, las condiciones requeridas para el éxito de la empresa son tan múltiples, que ya no bastan las ideas vagas. Para averiguar si una empresa es segura, tenemos que efectuar cálculos minuciosamente.

La computación exige unidades. No puede haber unidad de valor-uso subjetivo de las necesidades. La unidad marginal no da unidades de valor. El valor de dos determinadas necesidades no es necesariamente el doble de una, aunque es forzosamente mayor o menor que la de una. Los juicios de valor no constituyen una medida: sólo ordenan y gradúan[vi]. Hasta el individuo aislado, en aquellos casos en que la solución no es evidente a primera vista, no logrará llegar a una decisión basada en computaciones más o menos exactas si sólo cuenta con una evaluación subjetiva. Para apoyar sus cálculos tiene que establecer relaciones de sustitución entre las necesidades. En general, no le será posible reducir todos los elementos de computación a una unidad común, pero podría lograr reducirlos a aquellas necesidades que pueden evaluarse inmediatamente, es decir, a bienes listos para el consumo y a la inutilidad del trabajo, para luego basar su decisión sobre esas evidencias. Hasta eso, obviamente, es imposible, salvo en casos muy sencillos. No podría aplicarse en procesos de producción largos y complicados.

En una economía de intercambio, el valor objetivo de intercambio de los bienes de consumo pasa a ser la unidad de cálculo. Esto encierra tres ventajas. En primer lugar, podemos tomar como base del cálculo la evaluación de todos los individuos que participan en el comercio. La evaluación subjetiva de un individuo no es directamente comparable con la evaluación subjetiva de otros. Sólo llega a serlo como valor de intercambio surgido del juego de las evaluaciones subjetivas de todos aquellos que participan en la compra y venta. En segundo lugar, los cálculos de esta índole proporcionan control sobre el uso apropiado de los medios de producción. Permiten a aquellos que desean calcular el costo de complicados procesos de producción, distinguir inmediatamente si están trabajando tan económicamente como otros. Si a los precios del mercado no logran sacar ganancias del proceso, queda demostrado que los otros son más capaces de sacar provecho de los bienes instrumentales a que nos referimos. Finalmente, los cálculos basados sobre valores de intercambio nos permiten reducir los valores a una unidad común. Desde el momento que las variaciones del mercado establecen relaciones sustitutivas entre los bienes de consumo, se puede elegir para ello cualquier bien de consumo que se desee. En una economía de dinero, el dinero es el bien elegido. Mas, los cálculos de dinero tienen su límite. El dinero no es una medida de valor o de precios. El dinero no "mide" el valor. Tampoco se miden los precios en dinero: son cantidades de dinero. Y aunque aquellos que describen el dinero como "standard de pago diferido" lo crean ingenuamente, un bien de consumo no es un valor estable. La relación entre el dinero y los bienes de consumo no sólo fluctúa en cuanto a los bienes de consumo, sino también en cuanto al dinero. En general, tales fluctuaciones no son muy violentas. No perjudican en forma importante a los cálculos económicos, porque en un estado de continuo cambio de las condiciones económicas, este cálculo sólo abarca períodos relativamente cortos, en los que la "moneda dura", por lo menos, no cambia su valor adquisitivo en forma importante.

Las deficiencias de los cálculos en dinero surgen, generalmente, no porque se hayan hecho en términos de un medio de intercambio general, sino porque se basaron en valores de intercambio más que en valores subjetivos de uso. Por ejemplo, si estamos estudiando las conveniencias de una planta hidroeléctrica, no podremos incluir en los cómputos el perjuicio que ella podría significar en la belleza misma de la caída de agua, salvo que tomáramos en cuenta la baja del valor que produciría la disminución del movimiento turístico en esa región. Sin embargo, tendremos forzosamente que tomarlo en cuenta cuando decidamos si se llevará a cabo la empresa.

Tales consideraciones son frecuentemente juzgadas como "no-económicas". Aceptaremos la terminología, porque la discusión respecto a términos no nos llevaría a ninguna parte. Pero no se puede decir que todas las consideraciones de esa índole sean irracionales. La belleza de un lugar o de un edificio, la salud de toda una raza, el honor de los individuos o de todo un país, aun cuando no tienen relaciones de intercambio (porque no se comercian en el mercado), son otros tantos motivos de acción racional, siempre que la gente las considere significativas como aquellas llamadas normalmente económicas. El que ellas no entren en los cálculos de dinero se debe a la naturaleza misma de tales cálculos. Pero eso no disminuye en absoluto el valor de los cálculos de dinero en los asuntos generales de la economía. Porque todos esos bienes morales son bienes de primer orden. Podemos valorizarlos directamente y luego no encontrar dificultad para tomarlos en cuenta, aunque no caigan dentro de la esfera de los cómputos de dinero. El hecho de que escapen de dichos cómputos no presenta mayores dificultades para tomarlos en cuenta. Si sabemos exactamente cuánto hay que pagar por la belleza, por el honor, por la salud, por el orgullo, etc., nada nos impide tomarlos en cuenta. La gente muy sensible sufrirá al tener que elegir entre lo ideal y lo material, pero no se puede culpar de ello a la economía del dinero. Está dentro de la naturaleza misma de las cosas. Cuando logramos llegar a juicios de valor, sin recurrir a cómputos de dinero, no podemos evitar esa elección. Tanto el individuo como las comunidades socialistas tendrían que hacer lo mismo, y las personas verdaderamente sensibles no lo encontrarían doloroso. Llamados a elegir entre el pan y el honor, sabrán siempre cómo actuar. Si no se puede comer el honor, se puede, por lo menos, dejar de comer por el honor. Sólo aquellos que temen la angustia de la decisión, porque saben en su fuero interno que no pueden prescindir de lo material, considerarán la necesidad de elección como una profanación.

Los cómputos de dinero sólo tienen significado en cuanto a cálculos económicos. Son utilizados para que la distribución de los bienes de consumo se haga de acuerdo al criterio económico. Tales cálculos sólo toman en cuenta las necesidades en la proporción en que, bajo determinadas condiciones, sean intercambiables por dinero. Toda expansión de la esfera de cálculos de dinero induce a error. En la investigación histórica, llevan a error cuando se les utiliza como medida pretérita de valores de bienes de consumo. Inducen a error cuando se utilizan para evaluar el capital o la renta nacional de un país. Igualmente, llevan a error cuando se emplean para calcular el valor de cosas que no son intercambiables, como, por ejemplo, cuando se trata de calcular las pérdidas ocasionadas por la emigración que sigue a una guerra[vii]. Todo eso es diletantismo, aunque sea llevado a cabo por los economistas más competentes. Pero dentro de esos límites —y en la vida práctica no son sobrepasados—, los cálculos de dinero hacen todo aquello que podemos exigirles. Proporcionan un guía dentro de la desconcertante inmensidad de posibilidades económicas. Nos permiten aplicar juicios de valor que se refieren directamente sólo a los bienes de consumo o, cuando mucho, a los bienes de producción más comunes, hasta los bienes más elevados. Sin ellos, toda producción por medio de largos y complicados procesos sería como avanzar en la oscuridad.

Dos cosas son necesarias si van a llevarse a cabo cómputos de valor en términos de dinero. Primero, se intercambiarán no sólo bienes listos para el consumo, sino también bienes de naturaleza más elevada. Si no fuera así, no surgiría un sistema de relaciones de intercambio. Es cierto que si un hombre está "intercambiando" su trabajo por harina para pan dentro de su propia casa, las consideraciones que tiene que tomar en cuenta no son diferentes de aquellas que dirigirían sus actos si se tratara de cambiar pan por ropa en el mercado. Por lo tanto, es perfectamente correcto considerar toda actividad económica, hasta la actividad económica del hombre solo, como intercambio. Pero ningún hombre, aunque fuese un genio, tiene la capacidad intelectual para decidir la importancia relativa de cada uno de un número infinito de bienes de naturaleza más elevada. Ningún individuo podría discriminar tan bien entre el número infinito de métodos alternativos de producción como para aplicar juicios directos acerca de su valor relativo sin cálculos auxiliares. En sociedades basadas en la división del trabajo, la distribución de los derechos de propiedad lleva a una especie de división mental del trabajo, sin la cual sería imposible la economía o la producción sistemática.

En segundo lugar, tiene que haber un medio general de intercambio, de dinero, en uso. Y éste tiene que servir como intermediario en el intercambio de bienes de producción, al igual que del resto: si no fuera así, sería imposible reducir todas las relaciones de intercambio a un denominador común.

Sólo en condiciones muy simples se puede prescindir de cálculos de dinero. En el círculo estrecho del hogar, donde el padre es capaz de supervisarlo todo, puede que éste logre evaluar alteraciones en los métodos de producción sin tener que recurrir a cálculos de dinero, porque en esas circunstancias la producción se lleva a cabo con relativamente poco capital. Se utilizan pocos métodos de producción complicados. En general, la producción se concentra en bienes de consumo o bienes de orden más elevado, que no difieren mucho de los bienes de consumo. La división del trabajo está aún en las primeras etapas. El trabajador saca adelante la producción de un bien de comienzo a fin. Todo esto cambia en una sociedad desarrollada. Es imposible argumentar, de acuerdo a la experiencia de las sociedades primitivas, que en las actuales condiciones modernas podemos desentendernos del dinero.

En las condiciones simples de un hogar es posible vigilar todo el proceso de producción desde su iniciación hasta el final. Es posible juzgar si un determinado proceso entrega más bienes de consumo que otro. Pero en las infinitamente más complicadas condiciones actuales eso ya no es posible. Cierto es que una sociedad socialista vería que 1.000 litros de vino son mejor que 800 litros. Podría decidir si no serían preferibles 1.000 litros de vino a 500 litros de aceite. Esa decisión no exigiría cálculo alguno. La voluntad de un hombre tomaría la decisión. Pero la verdadera administración económica, la adaptación de los medios a los objetivos, sólo empieza cuando esa decisión ya se ha tomado. Esa adaptación sólo es posible mediante el cálculo económico. La mente humana se encontraría perdida en el desconcertante caos de alternativas de materiales y procesos. Al tener que decidir entre diferentes procesos o centros de producción, nos encontraríamos desconcertados[viii].

Suponer que una sociedad socialista podría reemplazar los cálculos en dinero por cálculos en especies, es tan solo una ilusión. Dentro de una comunidad que no practica el intercambio, los cálculos en especies sólo pueden abarcar los bienes de consumo. Fallan por completo cuando se trata de bienes de orden más elevado. Cuando una sociedad abandona la libertad de precios de los bienes de producción, se hace imposible la producción racional. Cada paso que aleja de la posesión privada de los medios de producción y el uso del dinero es un paso más que nos aleja de la actividad económica racional.

Todo esto fue posible porque el socialismo, como sabemos, sólo existe en oasis socialistas, por decirlo así, dentro de lo que para el resto del mundo es un sistema basado en la libertad de intercambio y del uso del dinero. Hasta allí podríamos estar de acuerdo con el otro argumento socialista, empleado sólo para efectos de propaganda: que las empresas nacionalizadas y municipalizadas, dentro de un sistema capitalista en lo demás, no constituyen socialismo. La existencia de un sistema de libertad de precios simultáneo significa tanto apoyo para esas empresas, que no aflora para ellas la particularidad esencial de la actividad económica del socialismo. En las empresas estatales y municipales es posible llevar a cabo mejoras técnicas, porque es posible observar los efectos de mejoras similares en empresas privadas nacionales y extranjeras. En tales asuntos es posible asegurarse acerca de las ventajas de la reorganización, porque están rodeadas de una sociedad que permanece aún basada en la propiedad privada en cuanto a medios de producción y empleo del dinero. Para ellas sigue siendo posible llevar libros y sacar cálculos que estarían absolutamente fuera de lugar en un medio puramente socialista.

La actividad económica es absolutamente imposible sin cálculos. Desde el momento en que los cálculos económicos son imposibles bajo el socialismo, quiere decir que en el socialismo no puede haber actividad económica tal como nosotros la entendemos. La acción racional podría persistir en cosas pequeñas e insignificantes. Pero, en general, no sería posible hablar de producción racional. En ausencia de una racionalidad de criterio, la producción no podría ser conscientemente económica.

Quizás si la tradición acumulada a través de miles de años de libertad económica podría preservar el arte de la administración económica de la desintegración total. Los hombres mantendrían los antiguos procesos, no por ser racionales, sino por estar santificados por la tradición. Sin embargo, las condiciones cambiantes en el intertanto los haría irracionales. Pasarían a ser antieconómicos, como resultado de los cambios impuestos por la decadencia general del pensamiento económico.

Es cierto que la producción ya no sería "anárquica". La autoridad suprema gobernaría el abastecimiento. En vez de la economía de producción "anárquica", pasaría a regir el orden sin sentido racional. Las ruedas girarían, pero sin efecto.

Tratemos de imaginar la posición de una comunidad socialista. Habrá cientos de miles de establecimientos que trabajan continuamente. Una minoría de éstos producirá bienes listos para el consumo. La mayoría producirá bienes de capital y productos semimanufacturados. Todos estos establecimientos estarán estrechamente relacionados entre sí. Cada bien pasará por una serie de establecimientos antes de estar listo para el consumo. Sin embargo, la administración económica no tendrá realmente una dirección en medio de la presión de tantos procesos diferentes. No tendrá manera de asegurarse si tal o cual parte del trabajo es realmente necesaria, o si no se estará gastando demasiado material para completar su fabricación. ¿Cómo podría descubrir cuál de los dos procesos es más satisfactorio? Cuando más, podría comparar la cantidad de productos entregados, pero sólo en contados casos podría comparar los gastos incurridos en su producción. Sabría exactamente, o creería saberlo, qué es lo que está tratando de producir. Por lo tanto, tendría que obtener los resultados deseados con el gasto mínimo. Pero para lograrlo tendría que sacar cálculos, y esos cálculos tendrían que ser cálculos del valor. No podrían ser tan sólo "técnicos", ni podrían ser cálculos sobre el valor-uso de los bienes y servicios. Esto es tan obvio que no necesita pruebas adicionales.

Bajo un sistema basado en la propiedad privada de los medios de producción, la escala de valores es el resultado de las acciones de cada miembro independiente de la sociedad. Todos, hacen un doble papel en ella, primero como consumidores y segundo como productores. Como consumidor, el individuo establece el valor de bienes listos para el consumo. Como productor, orienta los bienes de producción hacia aquellos usos que rendirán más. Es así como los bienes de un orden más elevado también se gradúan en forma apropiada a las condiciones existentes de producción y de la demanda dentro de la sociedad. El juego de estos dos procesos garantiza que el principio económico sea observado tanto en el consumo como en la producción. Y en esta forma surge el sistema exactamente graduado que permite a todos enmarcar su demanda dentro de las líneas económicas.

Bajo el socialismo, todo esto no ocurre. La administración económica puede establecer exactamente qué bienes son más urgentemente necesarios, pero eso es sólo parte del problema. La otra mitad, la evaluación de los medios de producción, no se soluciona. Puede averiguar exactamente el valor de la totalidad de tales instrumentos. Obviamente, ése es igual al valor de las satisfacciones que pueden darse. Si se calcula la pérdida en que se incurriría al retirarlos, también se podría averiguar el valor de instrumentos únicos de producción. Pero no puede asimilarlos a un denominador común de precios, como podría ser bajo un sistema de libertad económica y de precios en dinero.

No es necesario que el socialismo prescinda totalmente del dinero. Es posible concebir arreglos que permitan el empleo del dinero para el intercambio de bienes de consumo. Pero desde el momento en que los diversos factores de producción (incluyendo el trabajo) no pudieran expresarse en dinero, el dinero no jugaría ningún papel en los cálculos económicos[ix].

Supongamos, por ejemplo, que la comunidad de países socialistas estuviera planeando un nuevo ferrocarril. ¿Sería ese nuevo ferrocarril realmente conveniente? Si lo fuera, ¿cuánto terreno debería servir? Bajo el sistema de propiedad privada podríamos decidir esas interrogantes por medio de cálculos en dinero. La nueva red de ferrocarril abarataría el transporte de determinados artículos, y en base a ello podríamos calcular si la diferencia en los cargos de transporte justificaría los gastos de construcción y funcionamiento del ferrocarril. Un cálculo así sólo podría hacerse en dinero. No podríamos hacerlo comparando gastos y ahorros en especies. Es absolutamente imposible reducir a unidades corrientes las cantidades de trabajo especializado y no especializado, el hierro, carbón, materiales de construcción, maquinaria y todas las demás cosas que exige el mantenimiento de un ferrocarril, por lo cual es imposible también reducirlos a unidades de cálculo económico. Sólo podremos trazar planes económicos cuando todo aquello que acabamos de enumerar pueda ser asimilado a dinero. Es cierto que los cálculos de dinero no son completos. Es cierto que presentan grandes deficiencias, pero no contamos con nada mejor para reemplazarlos, y, bajo condiciones monetarias seguras, satisfacen todos los objetivos prácticos. Si los dejamos de lado, el cálculo económico se hace absolutamente imposible.

No queremos decir con esto que la comunidad socialista se encontraría totalmente desorientada. Tomaría decisiones a favor o en contra de la empresa propuesta y dictaría una orden. Pero, en el mejor de los casos, esa decisión se basaría tan sólo en vagas evaluaciones. No podría basarse en cálculos exactos de valor.

Una sociedad estacionaria podría, efectivamente, prescindir de esos cálculos. En tal caso, las operaciones económicas sólo se repetirían. Por lo tanto, si aceptamos que el sistema socialista de producción estaría basado en el último estado del sistema de libertad económica que había superado, y que no habría más cambios en el futuro, podríamos concebir un socialismo racional y económico. Pero sólo en teoría. Un sistema económico estacionario no puede existir. Las cosas cambian constantemente, y el estado estacionario, aunque necesario como apoyo para la especulación, es una suposición teórica que no existe en la realidad. Además, el mantener lazos con el último estado de economía de intercambio sería imposible, ya que la transición hacia el socialismo, con su nivelación de rentas, transformaría necesariamente todo el juego de consumo y producción. Tenemos entonces una comunidad socialista que debe navegar en un océano de todas las permutas económicas posibles e imaginables sin la brújula del cálculo económico.

Por lo tanto, todo cambio económico involucraría operaciones cuyo valor sería imposible predecir con anticipación o de averiguar después. Todo se reduciría a un salto al vacío. El socialismo es la negación de la economía racional.

4. La Economía capitalista

Los términos "Capitalismo" y "Producción Capitalista" son expresiones políticas. Fueron inventadas por los socialistas no para aumentar el conocimiento, sino para ridiculizar, criticar y condenar. Hoy en día, basta pronunciarlos para evocar un cuadro de la inexorable explotación de los asalariados por los implacables ricos. Se les utiliza muy poco, si no es para insinuar algún grave mal en el cuerpo político. Desde un punto de vista científico son tan poco claros y tan ambiguos, que no tienen ningún valor. Los que los usan sólo están de acuerdo en que indican las características del sistema económico moderno, aunque sigue siendo motivo de discusión en qué consisten esas características. Por lo tanto, su empleo es completamente pernicioso, y habría que tomar muy en cuenta la proposición de eliminarlos de la terminología económica y dejárselos a los agitadores profesionales[x].

Sin embargo, si quisiéramos descubrir para ellos una aplicación precisa, deberíamos partir de la idea de cálculos de capital. Dado que sólo nos preocupa el análisis de los fenómenos económicos actuales (excluida la teoría económica en que "capital" se usa frecuentemente en un sentido que responde a fines específicos), debemos antes que nada averiguar qué significado se da al término en el comercio. Así veremos que sólo se emplea para fines de cálculo económico. Sirve para reunir bajo un denominador común las propiedades originales de una empresa, sean ellas de dinero o estuvieren solamente expresadas en dinero[xi]. El objetivo de sus cálculos es permitirnos saber cuánto ha cambiado el valor de esa propiedad en el curso de operaciones comerciales. El concepto de capital es un derivado del cálculo económico. Su verdadero lugar está en la contaduría, el principal instrumento de la racionalidad comercial. El cálculo en términos de dinero es el elemento esencial del concepto de capital[xii].

Si se emplea el término "capitalismo" para designar un sistema económico en que la producción es gobernada por cálculos de capital, adquiere un significado especial para definir la actividad económica. Una vez entendido esto, no es de ninguna manera errado hablar de Capitalismo y de métodos capitalistas de producción; y expresiones como "espíritu capitalista" y "disposición anticapitalista" adquieren una connotación rígidamente circunscrita. "Capitalismo" define mejor la antítesis del socialismo que el término "Individualismo" que se emplea tan frecuentemente. En general, aquellos que se refieren al individualismo como antítesis del socialismo, lo hacen suponiendo tácitamente que .hay una contradicción entre los intereses del individuo y los intereses de la sociedad, y que mientras el Socialismo tiene como fin el bien común, el individualismo tiene como fin los intereses de determinadas personas solamente. Dado que ésta es una de las más graves falacias sociológicas, deberemos evitar cuidadosamente toda expresión que pueda dar cabida a ella.

Según Passow, se emplea correctamente el término "capitalismo" cuando se trata de expresar el desarrollo y extensión de grandes empresas en gran escala[xiii]. Podemos admitirlo, aunque resulta difícil reconciliarlo con el hecho de que la gente generalmente se refiere a "Grosskapital" y "Grosskapitalist" y "Kleinkapitalisten". Pero si consideramos que sólo el cálculo de capital hizo posible el crecimiento de grandes empresas, ello no invalida en absoluto las definiciones que proponemos.

5. Concepto más escueto de lo "Económico"

La costumbre de los economistas de hacer distinciones entre acciones "económicas" o "puramente económicas" y "no-económicas" es tan poco satisfactoria como la vieja distinción entre bienes ideales y bienes materiales. Porque la voluntad y la acción son unitarias. Todos los fines están en conflicto entre sí y es ese mismo conflicto el que los coloca en una escala. La satisfacción de deseos e impulsos puede lograrse por medio de la interacción con el mundo externo, lo mismo que la satisfacción de necesidades más ideales, pero ambas deben ser sometidas a un mismo criterio. En la vida hay que elegir entre lo ideal y lo material. Por lo tanto es esencial someterlos a las mismas alternativas. Al elegir entre pan y honor, fe y fortuna, amor y dinero, estamos sometiendo ambas alternativas al mismo test. En consecuencia, no es legítimo considerar lo "económico" como una esfera específica de la acción humana que puede ser claramente delimitada de otras esferas de acción. La actividad económica es actividad racional. Siendo imposible la satisfacción completa, la esfera de la actividad económica es colimitante con la esfera de la acción racional. Consiste en primer lugar en la evaluación de los fines y luego en la evaluación de los medios que llevan a esos fines. Por lo tanto, toda actividad económica depende de la existencia de fines. Los fines dominan la economía y son lo único que le dan sentido.

Desde el momento en que los principios económicos se aplican a todas las acciones humanas, es necesario ser muy cuidadoso al distinguir dentro de su esfera entre lo "puramente económico" y otras clases de acción. Tal división es indispensable para muchos objetivos científicos. Destaca un solo fin y lo compara con todos los demás. Ese fin (a estas alturas no discutiremos si es definitivo o no) es el logro del mayor producto posible, medido en dinero. Es, por lo tanto, absurdo delimitarlo dentro de una esfera de acción. Es cierto que cada individuo ya tiene tal esfera delimitada, pero eso varía de acuerdo al punto de vista general del individuo en cuestión. Será una cosa para el hombre que aprecia antes que nada el honor, y otra será para aquel que es capaz de vender a su mejor amigo por dinero. No es ni la naturaleza del fin ni la particularidad de los medios lo que justifica la distinción, sino la naturaleza específica de los métodos empleados. Lo único que distingue lo "puramente económico" de otras acciones es que utiliza el cálculo exacto.

La esfera de lo "puramente económico" no es otra cosa que la esfera del cálculo de dinero. El hecho de que dentro de cierto campo nos permita comparar medios con la mayor exactitud, hasta en sus más mínimos detalles, significa tanto para el pensamiento como para la acción que tendemos a investir esa clase de acción de especial importancia. No se destaca el hecho de que tal comparación es sólo una distinción dentro de la técnica de pensamiento y acción y no una distinción del objetivo final de la acción, que es unitario. El fracaso de todos los intentos por mostrar lo "económico" como un capítulo especial de lo racional, y luego destacar dentro de él otro capítulo como "puramente económico", no es culpa del método empleado. No cabe duda de que se ha desplegado gran sutileza de análisis en este problema, y el hecho de que no se haya resuelto indica claramente que la pregunta no tiene contestación satisfactoria. Evidentemente la esfera de lo "económico" es la misma que la esfera de lo racional; y la esfera de lo "puramente económico" no es otra cosa que la esfera en la cual es posible el cálculo de dinero. En última instancia, el individuo puede reconocer un solo fin: el logro de la mayor satisfacción. Esta expresión incluye la satisfacción de todos los deseos y necesidades humanas, sean ellas "materiales" o "inmateriales" (morales). En lugar de la expresión "satisfacción" podríamos quizás emplear la palabra "felicidad", si no temiéramos los malentendidos que originaron las controversias sobre Hedonismo y Eudemonismo.

La satisfacción es subjetiva. La filosofía social moderna ha puesto tanto énfasis en esto frente a anteriores teorías, que hay tendencia a olvidar que la estructura filosófica del género humano y la unidad de puntos de vista y de emoción que surgen de la tradición crean una extensa similitud de opiniones respecto a las necesidades y a los medios de satisfacerlas. Y es esa similitud de opiniones lo que hace posible la sociedad. Por el hecho de tener metas comunes, los hombres pueden vivir en comunidad. Frente a esta situación de que la mayoría de los fines (los más importantes) son comunes a la gran masa humana, el hecho de que existan fines que sólo interesan a unos pocos, reviste escasa importancia.

La división habitual entre motivos económicos y no-económicos queda, por lo tanto, invalidada por el hecho que, por una parte, el objetivo de la actividad económica queda fuera del ámbito económico, y por otra, que toda actividad racional es económica. Sin embargo, hay buenas razones para separar las actividades "puramente económicas" (actividades que pueden evaluarse en dinero) de otras formas de actividad. Porque, como ya lo hemos visto, fuera de la esfera de cálculos de dinero sólo quedan fines intermedios, que se pueden evaluar inmediatamente, y una vez que esta esfera se abandona, hay que recurrir a juicios de esa índole. Es la aceptación de esta necesidad la que nos proporciona ocasión de hacer la distinción que hemos expuesto.

Si, por ejemplo, un país desea ir a la guerra, es ilegítimo considerar irracional ese deseo porque el motivo de guerra yace más allá de los motivos normalmente considerados "económicos", como podría ser el caso en las guerras de religión. Si la nación decide ir a la guerra, con el total conocimiento de todos los hechos, porque considera que el objetivo final es más importante que el sacrificio que involucra, y porque cree que la guerra es el mejor medio de conseguirlo, la guerra no puede ser considerada irracional. No es necesario en este punto decidir si las suposiciones son ciertas o si alguna vez podrían ser ciertas. Es precisamente esto lo que se examina cuando se trata de elegir entre la guerra y la paz. Y es precisamente para aclarar tal examen que hemos introducido la distinción que estamos discutiendo.

Baste recordar cuán frecuentemente se recomiendan guerras o tarifas como "buen negocio", desde el punto de vista "económico", para darse cuenta hasta qué punto esto se olvida. ¡Cuánto más claras habrían sido las discusiones políticas del siglo pasado si se hubiera tenido presente la distinción entre lo "puramente económico" y lo "no-económico" en los campos de acción!

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[i] Le correspondió a la escuela empírico-realista, con toda su horrible confusión de todos los conceptos, explicar el principio económico como específico de la producción bajo la economía de dinero. Lexis, Allgcrneine Volkswirtschaftslehre (Berlín y Leipzig, 1910), p. 15.
[ii] Amonn, Objekt und Grundbegriffe der the oretischen Nationalökonoinie (Viena y Leipzig, 1927), p. 185.
[iii] Mili, Daz Nützlichkeitsprinzip, trans. Wahrmund, Gesammelte Werke, Edición alemana Th. Gomperz (Leipzig, 1869), Vol. 1, pp. 125-200. Nota del editor: Una traducción alemana de Utilitarismo.
[iv] Schumpeter, Das Wesen und der Hauptinhalt der theoretischen Nationalökonamie (Leipzig, 1908), pp. 50, 80.
[v] Los siguientes comentarios reproducen parte de mi ensayo Die Wirtschaftsrechnung in sozialistischen Gemeinwesen (Archiv für Socialwissenschaft, Vol. XLVII. pp. 86-121). Nota del editor: El ensayo de Mises fue traducido al inglés por S. Adler e incluido en el Collectivist Econorme Planning: Critical Studies on the Possibilities of Socialism, por N.G. Pierson, Ludwig von Mises, Georg Halm y Enrico Barone; editado con una introducción y un ensayo final por F.A. Hayek. Londres Routledge & Kegan Paul Ltd., 1935. 293 pp. Bibl. ensayo de Mises titulado "Cálculo Económico en la Comunidad Socialista", en inglés, aparece en pp. 87-130.
[vi] Cuhel, Zur Lehre von den Bedürfnissen (Innsbruck, 1907), p. 198.
[vii] Wieser, Über den Ursprung und die Hauptgesetze des wirtschaftlichen Wertes, Viena, 1884, pp. 185 y siguientes.
[viii] Gotti-Otthlienfeld, "Wirtschaft und Technik", Grundriss der Sozialökonomik, II (Tübingen, 1914), p. 216.
[ix] Neurath también aceptó esto. (Durch die Kriegwirtschaft zur Naturalwirtschaft [Munich, 1919], pp. 216 y siguientes). Asegura que toda la economía administrativa completa (economía planificada) es finalmente una economía natural (sistema de trueque). "Socializar significa, por lo tanto, adelantar la economía natural". Sin embargo, Neurath no reconoció las insuperables dificultades que el cálculo económico enfrentaría en la comunidad socialista.
[x] Passow, Kapitalismus, cine begrifflich-terminologische Studie (Jena, 1918), pp. 1 y siguientes. En la segunda edición, publicada en 1927, Passow expresó la opinión (p. 15, nota 2), en vista de la más reciente literatura, que el término "Capitalismo" podría perder gradualmente el color moral.
[xi] Carl Menger, "Zur Theorie des Kapitals" (Jahibüchern für Nationalökonomieund Statistik), Vol. XVII, p. 41.
[xii] Passow, op. cit. (2ª edición), pp. 49 y siguientes.
[xiii] 13 Passow, op. cit. (2ª edición), pp. 132 y siguientes.


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Nota del autor del blog: La reproducción de este texto se hace sin ánimo de lucro y con fines exclusivamente divulgativos.

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Ludwig Von Mises en la red:

Wikipedia (Spanish)

Wikipedia (English)

Liberalismo.org

Ludwig Von Mises Institute

jueves, febrero 22, 2007

Estreno de mi columna en DEBATE21

A partir de ahora podréis leerme en Debate21, en la columna que periódicamente publicaré bajo el título de "El rincón del Escocés".

El artículo que abre esta colaboración es, además, el primero de un total de cuatro en los que analizaré las bases que deben guiar las "relaciones" entre una banda terrorista como es la ETA y un Estado democrático como es el español. La primera entrega trata de lo que, a mi juicio, es el principal error del Estado, pensar que puede y debe “negociar” con una banda terrorista con el fin de alcanzar la paz.

miércoles, febrero 21, 2007

George Washington, Aznar y Zapatero

“Como primer presidente de Estados Unidos sentó el precedente que define lo que significa ser un ejecutivo constitucional: fuerte y enérgico, consciente de los límites de su autoridad pero defendiendo las prerrogativas de su cargo. Como escribió un delegado a la Convención, los amplios poderes de la presidencia no habrían sido tan grandes "si muchos de los miembros no hubiesen tenido los ojos puestos en el general Washington como presidente; ellos moldearon sus ideas acerca de los poderes que se le debían otorgar al presidente por la opinión que tenían sobre las virtudes de Washington".

Y el ingrediente principal de todas estas cosas era el carácter moral, algo que Washington se tomaba muy en serio y que dio a su poder de decisión una calidad profundamente prudente y a su autoridad una magnanimidad incomparable. "Su integridad era pura, su justicia la más inflexible que he conocido nunca, no había motivos de consanguineidad, amistad u odio que fueran capaces de influenciar en su decisión", observó posteriormente Jefferson. "En efecto, era, en todo el sentido de la palabra, un hombre sabio y bueno, un gran hombre".

No es una coincidencia, por tanto, que el legado más importante de Washington llegara en los momentos de tentación, cuando tuvo ante sí la seducción del poder. Dos veces durante la Revolución, en 1776 y nuevamente en 1777 cuando el Congreso se vio forzado a abandonar Filadelfia ante el avance de las tropas británicas, se le concedió al general Washington poderes prácticamente ilimitados para mantener la campaña bélica y preservar la sociedad civil, poderes no muy distintos de los asumidos en épocas anteriores por dictadores romanos. Él cargó con la responsabilidad pero devolvió esa autoridad tan pronto como fue posible.

Después de la guerra, hubo llamamientos para que Washington exigiese el poder político de manera formal. En efecto, siete meses después de la victoria en Yorktown, uno de sus oficiales sugirió lo que muchos pensaban que era más que razonable dentro del contexto del siglo XVIII: que Estados Unidos debería establecer una monarquía y que Washington debería convertirse en rey. Un Washington horrorizado rechazó sin más la oferta de forma inmediata considerándolo algo inapropiado y deshonroso, exigiendo que nunca más se volviera a tocar el tema.”

Es un recurso fácil el hacer paralelismos entre figuras políticas, más cuando estas vivieron circunstancias y habitaron tiempos tan diferentes de los actuales. No obstante, la glosa que Matthew Spalding dedica a George Washington, el que fuera 1er Presidente de los Estados Unidos, me sirve para hablar de un tema que parece hemos olvidado en los últimos tiempos: la ética del gobernante.

Por mi parte, desearía que los limites al poder político fuesen siempre de índole legal, pero mientras no sea así, mientras existan ámbitos para la discrecionalidad (y puede que sea imposible su total erradicación) es obligación del ciudadano en democracia el valorar la integridad moral de sus representantes, más aun la de su Presidente del Gobierno. Al comparar a los dos últimos presidentes españoles, José María Aznar y José Luis Rodriguez Zapatero, observamos lo que diferencia a unos hombres de otros en su forma de percibir el ejercio del poder político.

Casi sin excepción, Aznar demostró gran integridad en el ejercicio del cargo, con un respeto a las instituciones y una fe en España como nación y en sus gentes inaudita en nuestro país. Sobre Aznar se levantan más sombras relacionadas con lo que
no hizo en materia de reformas que sobre su actitud personal hacia el poder. Podrá criticarse la forma de designar a su sucesor, Mariano Rajoy, pero al fin y al cabo esto sigue siendo un asunto de partido y no tanto de Estado. También se habla sobre su endiosamiento a raíz de la Guerra de Irak, que marcaria la etapa final de su segunda legislatura, pero suponiendo que tuviera que pagar sus errores, ya lo ha hecho con la antipatía de un buen número de españoles y algún que otro repaso de periodistas afines como Losantos y Pedro J.

Pero en todo su magnificencia, teniendo como tenia, un poder tan grande: mayoría absoluta, una economía saneada, un papel internacional cada vez mas destacado,… se mantuvo en la decisión de no volver a presentarse como candidato a la Presidencia. Al igual que Washington, llevaba ya tiempo avisando a propios y extraños de que no aspiraría a una nueva reelección, ni a un poder perpetuo, aunque eso fuera lo que otros muchos españoles quisieran. Como Washington, se resistió a todas y cada una de las maniobras orientadas a convencerle de lo contrario. No funcionaron.

En cambio, en donde no se atisba ni de lejos una ética del estilo de la washingtoniana es en Zapatero. Aún no acabada la primera legislatura, todas sus declaraciones públicas desde el 14 de marzo de 2004 evidencian que se presentara a la reelección, en uso del "derecho a dos legislaturas" que tendría todo presidente. Pero, ¿y después?

Cuando escuchabamos las alocuciones de Aznar desde el atril del Congreso podía esperarse algo de arrogancia, pero en sus intervenciones institucionales y entrevistas con los medios no era difícil entrever a alguien que creía de verdad en su papel como servidor público. Zapatero, con su cara amable parlamentaria (aunque se le empieza a ver el plumero) demuestra por lo general una arrongacia extrema en la distancia corta. Puede que sea la forma en que llego al poder, en medio del mayor atentado teorrista que hemos sufrido. En las entrevistas que le hacen los medios afines reluce un rencor y un odio soterrado hacia la derecha política que nunca se le vio a Aznar hacia la izquierda, y nada que ver con el fair play washingtoniano, quien debio bregar con los partidarios de Hamilton y Jefferson. Es más se presupone que varios de los ministros de Aznar continuaron políticas de los socialistas (en Economia y Exterior), algunas además contrarias a su propio programa electoral (servicios secretos; pacto con los partidos nacionalistas, Justicia). Por su parte el gobierno de Zapatero se lanzo, desde el primer momento, a la destrucción del legado de Aznar, como paso previo y necesario para destrozar el legado de la Constitución democratica del 78. De la sucesión leal a la transformación institucional y social en toda regla.

Pero volviendo al plano más intimo, el ético, Zapatero no se ha pronunciado sobre sus planes de futuro, no ha dicho que va ha hacer dentro de un tiempo. Está clara su intención de permanecer una legislatura mas, pero ¿solo una? Cuando habla de que el “proceso de paz”, por poner un ejemplo, será largo, no dice si piensa en acabarlo él o lo dejará a un sucesor, de su partido o de otro; si fuese de su mismo partido ¿quién sería ese sucesor? cuando va dejando tras de si a las personas más valiosas que le rodeaban. En cuanto a la ética, por desgracia, Zapatero se acerca más a la orbita de personajes como Chávez o Castro que a la de Washintong.

Si nos remontamos a los tiempos de otra pareja de opuestos políticos: Adolfo Suárez y Felipe González,  cuyas diferencias eran tan grandes como entre Aznar y Zapatero; Suárez, que fue fundamental para la Transición de la Dictadura a la Democracia, abandono el poder voluntariamente cuando creyó que no podría hacer mas por el país, rechazando continuar en la poltrona gracias al crédito adquirido, fue el líder indiscutible del primer "centro político", con un prestigio y un carisma inigualable entre votantes de izquierda y derecha (en eso fue más que Aznar, aunque también menos efectivo como líder). Su sucesor, Felipe González, su opuesto politico durante años, no vaciló en presentarse a una tercera legislatura, aún cuando el descrédito de su labor de gobierno era ya enorme, y solo a la cuarta intentona, la anticipada de 1996, fue expulsado del poder precisamente por Aznar. Gonzalez abandono, por fin, el Palacio de la Moncloa, pero no la priemera línea política, para eso habría que esperar un año mas cuando Aznar lo destrozó metaforicamente durante el Debate sobre el Estado de la Nación de 1997, en un formato que el socialista había creado para su mayor gloria (en EEUU que el Presidente se dirigiera las Cámaras no fue aceptado hasta muchos años despues de la fundación).

Pero seria injusto concluir que cuanto mas se acerca uno a la izquierda mayor es gusto por el poder y menos ganas de abandonarlo se tienen (aunque a veces lo parezca). Tenemos ejemplos tambien a la derecha del espectro político de quienes no se baja del sillón ni a tiros, véase si no Manuel Fraga, quien en su irresponsabilidad opositora fue culpable de 13 años ininterrumpidos de hegemonia socialista.
 
No nos engañemos, el poder corrompe y cuanto más se tiene mas corrompe. Todo político, que se supone está sometido a la vigilancia del pueblo y de las leyes, puede con facilidad escaquearse de su responsabilidad aprovechando el vacío legal o la pasividad ciudadana. Por eso una ética mínima sobre el poder es necesaria entre nuestros representantes públicos. Sus opiniones sobre el poder o los limites del gobierno, mas allá de lo que algunos desconfiemos de que el Estado puede hacer pocas cosas útiles por todos nosotros, son importantes. Incluso los más liberales de entre ellos deben ser claros al respecto (nunca lo serán del todo). Solo en esas opiniones puede y debe hacerse una primera elección del líder de un país. Que menos que el poder tener un poco de seguridad en que la persona que asume la presidencia sea alguien que este dispuesto, y lo exprese claramente, a desprenderse del poder por razones de higiene moral. En otras cosas podremos discrepar, pero no en que en Aznar tuvimos un presidente así, fue un poco Washington. De Zapatero, ni creo, ni espero, lo mismo, y sino tiempo.

Un estatuto sin legitimación ni legitimidad, inconstitucional, insolidario, irrealizable, absurdo y socialista.

El nuevo Estatuto de Andalucía aprobado en el referéndum con más baja participación de la historia de este país es otro claro ejemplo de norma que se podían haber ahorrado los poderes públicos. Y un nuevo ejemplo de “democracia” organizada desde arriba. Da igual que “ni el tato” sepa que fue a votar el domingo, en la mente de los burócratas y politicastros se trata de un hito democrático (una democracia sin demócratas, claro). Y la mayoría de los medios de comunicación pues como si no pasara nada (libertad de prensa sin prensa).

Este Estatuto será, a partir de ahora, la “norma fundamental” de los andaluces. Otra mentira más. La norma fundamental de los andaluces y del resto de españoles es y sigue siendo -mientras nadie la enmiende por el mecanismo procedente- la Constitución de 1978. Estamos todos, eso si, esperando a que Pérez Royo la declare la primera o segunda norma de “mayor calidad de nuestra democracia”, dependiendo si la coloca antes o después del Estatuto de Cataluña. Si el criterio que tan insigne Catedrático usa para determinarlo es el grado de abstención sin duda debe ser la primera.

Haciendo un repaso muy superficial al nuevo Estatuto resulta que:

Estamos ante un texto ilegitimo, que no se corresponde con las aspiraciones del pueblo soberano ni responde a petición alguna de este. Es por tanto obra de políticos y burócratas, con nula participación de la sociedad civil en su desarrollo ni pensamiento. En fin, algo que se parece mas a un “reglamento” de gobierno que a una “norma fundamental” de rango constitucional, a una circular interna que a una norma democrát
ica.

Es un texto deslegitimado. Que no ha recibido sanción alguna de más del 60 % de los andaluces, con una participación en referéndum inferior al 40 % de los ciudadanos con derecho a voto, y que cualquier mayoría simple salida de unas elecciones autonómicas tendría todo el derecho de cambiarlo, de arriba a abajo.

Es un texto inconstitucional. Que vuelve a hablar de las “realidades nacionales”. Inspirado en antecedentes históricos de nula influencia en el ordenamiento actual. Usurpa competencias del Estado Central con la excusa descentralizadora, otorgando poderes excesivos a las autoridades autonómicas.

Es un texto insolidario, que blinda la financiación de la Comunidad Autónoma de acuerdo a su población y no a sus necesidades y que reserva para si las aguas que transcurren por su territorio.

Es un texto técnicamente absurdo. Con mas de 200 artículos (el anterior tenia 75). Farragoso, incomprensible por momentos. No clasificable dentro de la tradición constitucional liberal occidental. Intelectualmente estúpido, destinado al "burrismo" pastelero que nos gobierna, una diarrea mental sin pies ni cabeza. Y sino lean este extracto del Preámbulo.

Bloque entrecomilladoAndalucía ha compilado un rico acervo cultural por la confluencia de una multiplicidad de pueblos y de civilizaciones, dando sobrado ejemplo de mestizaje humano a través de los siglos. La interculturalidad de prácticas, hábitos y modos de vida se ha expresado a lo largo del tiempo sobre una unidad de fondo que acrisola una pluralidad histórica, y se manifiesta en un patrimonio cultural tangible e intangible, dinámico y cambiante, popular y culto, único entre las culturas del mundo."


Un ejemplo de su mala redacción es el uso abusivo -admisible como recurso literario pero denigrante para el derecho, del género:

Bloque entrecomilladoCondición de andaluz o andaluza" (art. 5), "Andaluces y andaluzas en el exterior" (art. 6).

Es un texto socialista en sus prerrogativas a más no poder, que se involucra en todas y cada una de las facetas de la vida de los andaluces, instando al gobierno autonómico a legislar y legislar hasta que no pueda verse el sol. De la familia a la sanidad, a la educación, a los recursos energéticos, las materias primas, la industria, la paz en el mundo, etc. Todo lo invade. Léanse, si tienen bemoles, el siguiente artículo, entero y de una sola vez:

Bloque entrecomilladoArtículo 10. Objetivos básicos de la Comunidad Autónoma. 1. La Comunidad Autónoma de Andalucía promoverá las condiciones para que la libertad y la igualdad del individuo y de los grupos en que se integra sean reales y efectivas; removerá los obstáculos que impidan o dificulten su plenitud y fomentará la calidad de la democracia facilitando la participación de todos los andaluces en la vida política, económica, cultural y social. A tales efectos, adoptará todas las medidas de acción positiva que resulten necesarias. 2. La Comunidad Autónoma propiciará la efectiva igualdad del hombre y de la mujer andaluces, promoviendo la democracia paritaria y la plena incorporación de aquélla en la vida social, superando cualquier discriminación laboral, cultural, económica, política o social. 3. Para todo ello, la Comunidad Autónoma, en defensa del interés general, ejercerá sus poderes con los siguientes objetivos básicos:
1.º La consecución del pleno empleo estable y de calidad en todos los sectores de la producción, con singular incidencia en la salvaguarda de la seguridad y salud laboral, la conciliación de la vida familiar y laboral y la especial garantía de puestos de trabajo para las mujeres y las jóvenes generaciones de andaluces.
2.º El acceso de todos los andaluces a una educación permanente y de calidad que les permita su realización personal y social.
3.º El afianzamiento de la conciencia de identidad y de la cultura andaluza a través del conocimiento, investigación y difusión del patrimonio histórico, antropológico y lingüístico.
4.º La defensa, promoción, estudio y prestigio de la modalidad lingüística andaluza en todas sus variedades.
5.º El aprovechamiento y la potenciación de los recursos naturales y económicos de Andalucía bajo el principio de sostenibilidad, el impulso del conocimiento y del capital humano, la promoción de la inversión pública y privada, así como la justa redistribución de la riqueza y la renta.
6.º La creación de las condiciones indispensables para hacer posible el retorno de los andaluces en el exterior que lo deseen y para que contribuyan con su trabajo al bienestar colectivo del pueblo andaluz.
7.º La mejora de la calidad de vida de los andaluces y andaluzas, mediante la protección de la naturaleza y del medio ambiente, la adecuada gestión del agua y la solidaridad interterritorial en su uso y distribución, junto con el desarrollo de los equipamientos sociales, educativos, culturales y sanitarios, así como la dotación de infraestructuras modernas.
8.º La consecución de la cohesión territorial, la solidaridad y la convergencia entre los diversos territorios de Andalucía, como forma de superación de los desequilibrios económicos, sociales y culturales y de equiparación de la riqueza y el bienestar entre todos los ciudadanos, especialmente los que habitan en el medio rural.
9.º La convergencia con el resto del Estado y de la Unión Europea, promoviendo y manteniendo las necesarias relaciones de colaboración con el Estado y las demás Comunidades y Ciudades Autónomas, y propiciando la defensa de los intereses andaluces ante la Unión Europea.
10.º La realización de un eficaz sistema de comunicaciones que potencie los intercambios humanos, culturales y económicos, en especial mediante un sistema de vías de alta capacidad y a través de una red ferroviaria de alta velocidad.
11.º El desarrollo industrial y tecnológico basado en la innovación, la investigación científica, las iniciativas emprendedoras públicas y privadas, la suficiencia energética y la evaluación de la calidad, como fundamento del crecimiento armónico de Andalucía.
12.º La incorporación del pueblo andaluz a la sociedad del conocimiento.
13.º La modernización, la planificación y el desarrollo integral del medio rural en el marco de una política de reforma agraria, favorecedora del crecimiento, el pleno empleo, el desarrollo de las estructuras agrarias y la corrección de los desequilibrios territoriales, en el marco de la política agraria comunitaria y que impulse la competitividad de nuestra agricultura en el ámbito europeo e internacional.
14.º La cohesión social, mediante un eficaz sistema de bienestar público, con especial atención a los colectivos y zonas más desfavorecidos social y económicamente, para facilitar su integración plena en la sociedad andaluza, propiciando así la superación de la exclusión social.
15.º La especial atención a las personas en situación de dependencia.
16.º La integración social, económica y laboral de las personas con discapacidad.
17.º La integración social, económica, laboral y cultural de los inmigrantes en Andalucía.
18.º La expresión del pluralismo político, social y cultural de Andalucía a través de todos los medios de comunicación.
19.º La participación ciudadana en la elaboración, prestación y evaluación de las políticas públicas, así como la participación individual y asociada en los ámbitos cívico, social, cultural, económico y político, en aras de una democracia social avanzada y participativa.
20.º El diálogo y la concertación social, reconociendo la función relevante que para ello cumplen las organizaciones sindicales y empresariales más representativas de Andalucía.

21.º La promoción de las condiciones necesarias para la plena integración de las minorías y, en especial, de la comunidad gitana para su plena incorporación social.
22.º El fomento de la cultura de la paz y el diálogo entre los pueblos.
23.º La cooperación internacional con el objetivo de contribuir al desarrollo solidario de los pueblos.
24.º Los poderes públicos velarán por la salvaguarda, conocimiento y difusión de la historia de la lucha del pueblo andaluz por sus derechos y libertades.
4. Los poderes públicos de la Comunidad Autónoma de Andalucía adoptarán las medidas adecuadas para alcanzar los objetivos señalados, especialmente mediante el impulso de la legislación pertinente, la garantía de una financiación suficiente y la eficacia y eficiencia de las actuaciones administrativas."

¿Se han enterado de algo? Y solo son los objetivos básicos, eh: distribución pública de la renta, intervencionismo en los medios de comunicación en aras del pluralismo, sostenibilidad, discriminación positiva encubierta,…

Este texto es, en definitiva, una vergüenza histórica, política, social, intelectual y racional. Un engendro socialista, insolidario y absurdo. Mal redactado, un insulto para el Derecho y la Ley bien entendidas, contrario al sentido común y la razón. Una bazofia, un asco, una mierda, digno de ser quemado en la plaza pública, escupido en las escuelas e injuriado en las chirigotas anuales de aquí al fin de los tiempos.

Y aquellos que han contribuido a la mera visión del mismo tendrían que, ordenadamente y en silencio, marcharse a su puñetera casa o, mejor aun, exiliarse en la Antártida -según los apóstoles del cambio climático, futuro centro de vacaciones estivales- y dejarnos en paz a las personas honradas y decentes de una vez por todas.


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Actualizacion: Ya tenemos los primeros efectos del nuevo Estatuto andaluz, Ibarra lo recurrira ante el constitucional por apropiarse de las aguas del Guadalquivir.

jueves, enero 11, 2007

Ideas sueltas de Thomas Sowell

Yo me quedo con estas, que están más o menos relacionadas:

BlockquoteCualquiera que sean los beneficios políticos de tomar decisiones mediante comités, la necesidad de consenso garantiza virtualmente el mínimo común denominador. Un comité bipartidista de personas de opiniones enormemente distintas tiene que eliminar estas diferencias y difundir blandas minucias, como las del informe Baker-Hamilton sobre Irak. "

"Muchas de las mismas personas que nos animan a salir de Irak también nos animan a ir a Darfur. Dicen que deberíamos hacer " hacer algo" con los criminales horrores de Darfur. Pero no puedes "hacer algo", simplemente. Tienes que hacer algo específico. Aquellos que animan a la intervención no asumen la responsabilidad de especificar lo que vamos a hacer y qué precio tendría en vidas norteamericanas. "

"Solamente podemos esperar que el rumor de que Israel va a ocuparse de las instalaciones de armamento nuclear de Irán sea cierto. Si lo es, Israel será ampliamente condenado por los gobiernos que están suspirando de alivio ante la mera posibilidad de que lo haga. "
Tenéis más ideas sueltas sobre otros temas aquí. Unas cuantas más.

miércoles, enero 10, 2007

Manifiesto, "Ciudadanos de Europa"

BlockquoteEuropa fue en sus orígenes un territorio, pero dejó de serlo cuando comenzó a identificarse con un ideal de conquista de la dignidad y la libertad para todo ser humano. Incluso en sus años más oscuros, aquellos en los que sus habitantes padecieron la barbarie del totalitarismo, fue ese ideal democrático, esa verdadera alma de Europa que había fructificado más allá de su viejo territorio, la que hizo posible la victoria frente al horror. Por eso estamos obligados a defender y a fortalecer Europa; no porque creamos en una nación europea, sino porque creemos en una nación humana de la que Europa constituye ya el germen.

Pero hoy Europa vive un momento crítico. Sus ciudadanos parecemos haber perdido la conciencia y la memoria del alto precio pagado por la conquista de las libertades que disfrutamos. Acomodados en los tópicos del relativismo y la deconstrucción, somos incapaces de reconocer el valor de las creaciones que nuestra cultura ha aportado al patrimonio común de la humanidad. Traicionamos así la deuda que nos liga a aquellos de nuestros antepasados que se dejaron la piel en esa tarea, como traicionamos también a los hombres y mujeres que en el resto del mundo combaten por esos mismos ideales.

Carentes del aliento de sus ciudadanos, las recién nacidas instituciones europeas se tambalean, a la vez que los gobernantes de los estados nacionales reintroducen gestos de un nacionalismo populista que creíamos ya inconcebible tras las brutales guerras inter-nacionales que asolaron el pasado siglo.

Y sobre todo, día a día crecen las amenazas externas e internas provenientes de los movimientos nacionalistas. Independientemente de los criterios sobre los que construyen sus proyectos identitarios – la raza, la religión, la lengua, la historia, la cultura...– , todos ellos llevan en su seno el germen de la intolerancia y el totalitarismo, pues comparten la idea de que la identidad colectiva debe primar sobre la libertad del individuo, y por eso todos ellos suponen, en mayor o menor grado, reaccionarios retrocesos tribales contra el ideal de una única nación de hombres libres.

Si añadimos a todo ello la llegada masiva a nuestro suelo de emigrantes procedentes de todos los rincones del mundo, no será difícil percibir la situación explosiva a la que, a medio plazo, parecemos abocados. Sólo una Europa fuerte y unida puede ser capaz de integrarlos en su seno transmitiéndoles los valores que ha forjado y haciendo de ellos nuevos ciudadanos europeos. Pero es un espejismo suicida creer que podrán llegar a convertirse en “británicos”, “italianos” o “españoles”, y aún menos en “escoceses”, “piamonteses” o “catalanes”. Por eso, el retorno de los nacionalismos, la epidemia de afirmaciones identitarias y tribales que asola de nuevo Europa, sólo puede conducir al fracaso de la integración de esos emigrantes que, a medio plazo, se verán a su vez empujados a construir nuevas comunidades identitarias condenadas a un proceso letal de afirmación y confrontación. (...)"

Sigue leyendo.

Descargarlo aquí en formato PDF. Si quieres, fírmalo.

domingo, diciembre 31, 2006

El atentado de Barajas en tres actos (y III)

Acto 3º.

"De la democracia avanzada a la degradación moral de los españoles."



Son los terroristas de la ETA los únicos culpables del asesinato de los dos inmigrantes ecuatorianos y los 16 heridos (una prueba de cómo ETA vive en el anacronismo histórico es que ni siquiera se lleva por delante con sus bombas a españoles. La sociedad española ha cambiado tanto en 40 años de democracia, esta participada ampliamente por gentes de otras nacionalidades, y mientras los terroristas viven aun en la Dictadura de Franco y en los románticos movimientos de liberación de los 60 y 70). Con o sin Zapatero, los fanáticos matarían, mas o menos, pero matarían porque los parámetros mentales que siguen (y esto lo dijo Rubalcaba ayer) son totalmente ajenos a los de una persona normal, o sea, decente, y es inútil esperar de ellos otra cosa que no sea terror y muerte.

De lo que si podemos encontrar culpables es de que tengamos como Presidente a éste hijo de puta -y lo digo sin animo de ofender a la madre del susodicho, ya sabemos que este insulto se dirige solamente a él-, de ésto son culpables los españoles que le votaron, no ya en el 14 de Marzo de 2004, sino también en las Europeas de Junio de ese mismo año y que siguen sin retirarle el voto. Nunca me fié de Zapatero -como de casi nada de lo que sale del PSOE-, parecía demasiado bueno para ser cierto, un tipo que permanecio 8 años sentado en el Parlamento sin un escándalo, pero también 8 años sin que se le conociera merito alguno salvo calentar el sillón y vivir del dinero público. No tardo mucho en demostrar que estaba dispuesto a cualquier cosa, a partir en dos España si era preciso, para alcanzar el poder. Se me dirá que soy cruel con sus votantes, sin embargo, ¿alguien cree ingenuo, en una democracia, hacer responsables a los votantes de sus votos? Yo creo que no. Se nos pide un ejercicio de racionalidad cada 4 años, y que el acto sea tan simple como introducir una papeleta en una urna no lo hace menos importante ni trascendente, sobre todo cuado es el único poder directo que tiene el ciudadano sobre sus políticos, debería ser mas valorado. A cuantos de esos votantes les “ponía” castigar al PP por el Prestige, la Guerra de Irak y Cristo que lo fundo. A cuantos lea pareció que la democracia avanzada, el republicanismo cívico y el buenísimo político traerían bienestar a España. Pues nada aquí tenéis el resultado, el peor gobierno de la democracia y posiblemente de Europa.

La responsabilidad no se acaba una vez Zapatero es elegido Presidente, continua en el apoyo velado o abierto a sus políticas públicas y en la actitud publica mantenida por muchos de esos mismos votantes y que solo podemos calificar como de una indiscutible bajeza moral, perfectamente compatible con la inteligencia. Y es que en los últimos 3 años ser votante de derechas, manifestarse públicamente como liberal o conservador o simplemente contrario a la acción de gobierno socialista ha significado llevar encima la condena social y de los medios, ser tratado como un paria político, salvo, claro esta, le dieras la razón al “progre” de turno que te abordara. Ya se apuntaba esa actitud al final de la anterior legislatura con el acoso al Gobierno de Aznar y al PP, cuando el apoyo a la Guerra de Irak te convertía automáticamente en un asesino o cómplice de los asesinos y en un fascista, y la cosa ha continuado con los que persiguen la verdad del 11-M, aquellos que defienden los valores tradicionales y los que se atreven a decir que escuchan a Federico Jiménez Losantos (a quien el corrector ortográfico de Word transforma, contra mi voluntad, en Lozanitos) o leen a Pío Moa y César Vidal, porque de Hayek o Mises mejor ni hablar.

Esta actitud del votante de izquierdas es despreciable, aunque no menos que la de muchos votantes de derechas que han aceptado el discurso “progresista”. Nunca llegaré a comprender el extraño mecanismo psicológico que induce a muchos conservadores a lanzarse en brazos de sus enemigos. Esta tendencia al suicidio, a la autodestrucción de la propia sociedad ha sido regla de las democracias liberales desde prácticamente principios del siglo XX. Los prejuicios que asistían a las sociedades burguesas decimonónicas y que se han reproducido hasta la extenuación en el siglo XX lleva a muchos ciudadanos a votar en contra de sus intereses reales, apoyando gobiernos que suben los impuestos, atacan sus valores básicos, insultan sus creencias y forma de vida y no dudan en subvertir las instituciones que sustentan su libertad con cosas como Alianzas de Civilizaciones y usos alternativos (ilegales) del derecho.

En mi opinión es hora de que sean las izquierdas y los maricomplejines de la derecha quienes pasen vergüenza por ser lo que son, unos cobardes, la mayoría, y unos miserables, bastantes. Zapatero no estaría ahí de no ser por ellos. En cuanto a la consecución de la Paz, ya tenemos a dos personas más en ella, en la paz del cementerio. Gracias.

PD: esta noche antes de darse un buen atracón de nochevieja recen un momento por las almas de las dos nuevas victimas mortales de ETA: Diego Armando Estacio y Carlos Alonso Palate, de las que el Ministerio del Interior no ha respondido todavia.

PPD: Mi deseo de año nuevo es que Sadam Hussein se pudra en el infierno del que nunca debió haber salido, porque para que Zapatero salga del poder solo hace falta que los españoles que le apoyan dejen de hacerlo y lo hagan por propia voluntad, y en eso ni Dios ni la Providencia deben interferir, si de verdad creemos y defendemos la libertad y la responsabilidad individual.

El atentado de Barajas en tres actos (II)

Acto 2º.

"Sobre el estado del maldito proceso de paz "



La comparecencia del sábado de Rubalcaba fue surrealista hasta decir basta. A primera hora todavía se ponía en cautela la confirmación de que se trataba de un atentado etarra (duda que planteo el gobierno vasco durante todo el día), básicamente, por lo sorprendido que se ha quedado el gobierno en pleno: “el comportamiento de ETA ha sido constante en su historia en esta materia y si rompe una tregua lo anuncia y además lo anuncia con un cierto tiempo. Así ha sido siempre y parece que estamos ante una situación distinta”. Como esto no es una tregua señor Rubalcaba pues no se por que habrían de avisar. La respuesta política se la dejaba al Presidente para la rueda de prensa de las 6 de la tarde, pero se permitía resaltar lo evidente para todos, que la acción terrorista "rompe el alto el fuego permanente que ETA decretó hace nueve meses". Faltaría menos que no fuera así. Por la tarde su jefe nos aclaraba que daba por suspendido el dialogo con la banda pero no mencionaba que ocurría con el mal llamado “proceso de paz”.

¿Debe extrañarnos todo esto? De ninguna manera, responde a la lógica de unos y otros, terroristas y gobierno. Para empezar la ETA y su entorno se han recuperado lo suficiente para volver a echarle un pulso al Estado y a la nación española, viéndose legitimada su lucha. Esta fortaleza le permite poner unos cuantos muertos y heridos sobre la mesa de negociaciones reeditando el macabro dilema del que ya he hablado en esta bitácora, o se cumplen sus exigencias o morirá más gente. Por eso Otegi dice que el "proceso no esta roto" y "es mas necesario que nunca". Hemos asumido su forma de hablar y lo demostramos cuando no nos percatamos de haber entrado en su maquiavélico juego de altos el fuego, treguas y conflictos.

Para el gobierno, se trata de, como dijo Zapatero el Viernes 29, de un “trágico accidente mortal”, es mas, según el gran estadista "Nadie podrá conseguir nada con la violencia, el de hoy (por el sábado 30) es el paso más equivocado e inútil que han podido dar los terroristas". Es decir, no solo se permitió minimizar los asesinatos de ETA sino que recrimina a los terroristas la equivocación de poner una bomba en los aparcamientos de la T-4 de Barajas (de los muertos y heridos no dijo nada, pues hablo de violencia no de atentados ni asesinatos) tratándolos como si fueran niños que es preciso educar y no como adultos conscientes y responsables de sus actos. Este relativismo moral y paternalismo político no puede ser aceptado ni consentido sin que a uno se le revuelvan las tripas. Zapatero ha asumido de tal forma la identificación de su mandato con la naturaleza del Estado que los límites de la decencia son traspasados con cada palabra que sale de su boca y cada actuación institucional que patrocina. Al señalar que la violencia es obstáculo para la consecución de objetivos políticos admite una vez mas que esta dispuesto a hacer concesiones a la banda si deja las armas. Esa paz no es asumible.

Zapatero, tampoco interrumpirá el “proceso de paz” porque este es mucho mas que los nueve meses de “alto el fuego”, empezó hace 5 años. Mientras era líder de la oposición y firmaba el Pacto Antiterrorista con Aznar, mantenían contactos secretos PSE y Batasuna-ETA, contactos que llevaron a la destitución de Nicolás Redondo Terreros al frente de los socialistas vascos. Eso en los hechos, pero en su fuero interno, la idea misma de proceso, comenzó su andadura en el momento en que Zapatero comprendió que solo podría gobernar si conseguía cambiar las ideas de los españoles y a eso es lo que ha dedicado toda su labor política desde entonces, aliándose con quien sea para ello. ETA le ha hecho un gran favor durante un tiempo y en absoluto ha sido engañado por la banda, como algún lector de El Mundo señalaba en la sección de Cartas al Director de hoy domingo. Mas bien es al contario, la ha intentado usar él a élla, y ese es un juego muy peligroso.

El atentado de Barajas en tres actos (I)

Acto 1º.

"De la Inocentada de Zapatero a la broma de ETA"



Creíamos que el Presidente del Gobierno se había confundido de día y por eso el 29 de diciembre cuando dijo, en la ultima rueda de prensa del año, la del balance global de 2006, aquello de los “trágicos accidentes mortales” para referirse a los asesinatos cometidos por la ETA a lo largo de su historia, que es la misma historia que la de nuestra Transición y Democracia, pensamos que se trataba de una inocentada. Seria así si en menos de 24 horas la banda terrorista no hubiera provocaría un nuevo “accidente”, el primero en 3 años (que sepamos). Si los muertos y heridos son “accidentes”, no es extraño que la quema de autobuses, las cartas a los empresarios que no pagan el impuesto, las pintadas insultantes contra España y las amenazas y destrucción de propiedades de ciudadanos vascos que osan hacer frente al nacionalismo, hayan pasado como una anécdota en boca de Zapatero.

El grado de degradación moral que ha alcanzado la sociedad española es vergonzoso. Mires donde mires encuentras algo que te recuerda que todo el mundo gira contra las ideas de libertad y justicia, y el derecho y el lenguaje se han pervertido hasta lo inimaginable. Probablemente estaba larvado y en 8 años de gobierno popular no se hizo todo lo que se tenía que haber hecho para paliarlo. Una de las cosas que mas me ha disgusta ha sido ver como los titulares de Libertad Digital se acompañaban de la frase “ETA revienta la Tregua” expresión de muy mal gusto periodístico, que además es usada por El País en su titular de la edición dominical. Si ETA nunca ha hablado de “tregua” sino de “alto el fuego”, con lo que ello implica (los terroristas miden al milímetro lo que dicen y hacen), no deberíamos aventurarnos mas allá, ni como error tipográfico, por lo que dicha expresión debería ser eliminada de la Web. Y comento esto por el respeto que me merece dicho diario, en cuanto a El País, hace tiempo que esta todo dicho.

La sociedad española nunca debió de admitir el “alto el fuego”, que no tregua, pues se trataba de una “concesión graciosa” de la banda a la Democracia. También porque de facto ya había alto el fuego desde mucho antes, desde que ETA no cometía atentados e iba preparando el caldo de cultivo para que el comunicado de 22 de Marzo de este año se hiciera mas digerible para los ciudadanos. Una vez puesta en nuestro tejado la pelota del “proceso de paz” esperar a que nos pusiéramos la soga al cuello.

“Proceso de paz” es otra de las pantomimas que circulan por ahí. ¿Qué proceso de paz si no ha habido nunca una guerra? ¿Qué paz, si la ETA nunca ha querido la paz sino la victoria sobre el Estado español? Lo que llamamos “proceso de paz” es la estrategia política de ETA para conseguir sus objetivos por otros medios, una continuación encubierta de su guerra, y hasta donde llegue, habrá llegado. Este discurso del proceso de paz asume que hay que darle parte de razón al nacionalismo, en su conjunto, y al terrorismo de Batasuna-ETA, en particular. Por eso una solución no violenta de lo que ellos llaman “conflicto vasco” no es una solución aceptable para una sociedad que quiera ser libre.