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LA FRASE

"Los españoles pertenecemos a la categoría de colectivos a los que tradicional e históricamente preocupó mucho más la diferencia de clases y la injusticia socialque las libertades individuales.

Se perdona mal a los ricos y empresarios la ostentación y el agravio, mientras que los funcionarios públicos pueden difundir secretos, realizar escuchas, propagar infamias y otras mil maneras pergeñadas para el abuso del poder."

martes, julio 12, 2005

Lo que va de un atentado a otro. Reacción ciudadana y política

Tras el atentado de Londres he podido constatar una serie de realidades que parecen ser el “pan nuestro de cada día” de las democracias occidentales. La más inmediata de estas realidades son las dificultades por la que atraviesa todo gobierno para gestionar tanto el antes como el después la situación de los atentados terroristas. Londres no ha sido una excepción. Puede que sea un acierto de Scotland Yard el mantener un absoluto mutismo sobre la investigación (también puede ser que “no tengan ni puta idea” como señalaba Pedro J. este domingo en su articulo semanal) en contraste con la torpeza con que el Partido Popular, quien prácticamente radió en tiempo real las actuaciones policiales, gestiono la misma. Sin embargo, el gobierno británico esta teniendo una actuación pésima respecto de las victimas, todo lo contrario de lo que fue por parte de las autoridades españolas, quienes en 4 días tenían identificados 200 cadáveres de ciudadanos de distintas nacionalidades, habiendo descartado la presencia de restos de terroristas suicidas. El 11-S tuvo sus buenas dosis de caos generalizado y descoordinación (minuciosamente descritos por la Comisión norteamericana encargada de investigar los atentados). Lejos de suponer una reprobación absoluta de todos ellos, autoridades y gobiernos, seria mas acertado resaltar como el terrorismo internacional hace hincapié con sus actos en la debilidad de reacción de estos. Toda administración política es, con carácter general, pasiva por naturaleza, solo actúa por reacción cuando hay un gran impacto mediático o popular de los hechos. Es en esos momentos posteriores a la catástrofe cuando se demuestra la preparación logística, pero sobre todo la altura moral de una sociedad democrática.

La diferencia entre los atentados de Nueva York y Londres con el de Madrid estriba en la calidad de esa reacción, tanto popular como política. Si en las dos ciudades anglosajonas, tremendamente cosmopolitas (como lo es de hecho Madrid) la ciudadanía cerro filas junto a sus representantes. En Madrid, la unión solidaria apenas duro 48 horas. Lo que duro la de sus políticos, la torpeza de unos y la insidia de otros supuso la mayor fractura de la sociedad española en muchos años, impulsada por la victoria electoral de José Luis Rodríguez Zapatero y la actuación de gobierno subsiguiente, toda una bajada de pantalones frente al terrorismo. De Nueva York salió un informe auténticamente independiente, necesario, clarificador y útil. De Londres, saldrá algo, mas tarde o más temprano, pero tendremos la respuesta a las incógnitas y preguntas que todos nos hacemos. De Madrid tenemos unas conclusiones de la comisión parlamentaria que en su vertiente “recomendativa” son inútiles y prescindibles y en su vertiente “informativa” (en lo que se refiere a la ejecución y autoría de los atentados) insultante para la inteligencia de cualquier demócrata.

Es por eso, que estos días miro hacia Londres preso de una doble sensación, de un lado, el miedo propio de la fragilidad, a pesar de la superioridad moral, de nuestros sistemas político-sociales, de otro, la envidia, envidia porque ojalá la democracia española estuviera a la altura de las democracias tanto británica como norteamericana. Un día no muy lejano, España sufrirá un nuevo ataque terrorista que devolverá a la realidad a gran parte de nuestra sociedad y clase política ensimismada en la política del apaciguamiento. Puede que sea Al Qaeda, puede que sea ETA, o la enésima resurrección del GRAPO, pero habrá un muerto o decenas de muertos que clamaran desde sus tumbas para pedir justicia, ¿a ellos también los harán oídos sordos?.