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LA FRASE

"Los españoles pertenecemos a la categoría de colectivos a los que tradicional e históricamente preocupó mucho más la diferencia de clases y la injusticia socialque las libertades individuales.

Se perdona mal a los ricos y empresarios la ostentación y el agravio, mientras que los funcionarios públicos pueden difundir secretos, realizar escuchas, propagar infamias y otras mil maneras pergeñadas para el abuso del poder."

martes, mayo 17, 2005

"Sobre la libertad", por John Stuart Mill

BlockquoteNo es libre ninguna sociedad, cualquiera que sea su forma de gobierno, en la cual estas libertades no estén respetadas en su totalidad; y ninguna es libre por completo si no están en ella absoluta y plenamente garantizadas. La única libertad que merece este nombre es la de buscar nuestro propio bien, por nuestro camino propio, en tanto no privemos a los demás del suyo o les impidamos esforzarse por conseguirlo. Cada uno es el guardián natural de su propia salud, sea física, mental o espiritual. La humanidad sale más gananciosa consintiendo a cada cual vivir a su manera que obligándole a vivir a la manera de los demás.

Aunque esta doctrina no es nueva, y a alguien puede parecerle evidente por sí misma, no existe ninguna otra que más directamente se oponga a la tendencia general de la opinión y la práctica reinantes. La sociedad ha empleado tanto esfuerzo en tratar (según sus luces) de obligar a las gentes a seguir sus nociones respecto de perfección individual, como en obligarles a seguir las relativas a la perfección social. Las antiguas repúblicas se consideraban con título bastante para reglamentar, por medio de la autoridad pública, toda la conducta privada, fundándose en que el Estado tenía profundo interés en la disciplina corporal y mental de cada uno de los ciudadanos, y los filósofos apoyaban esta pretensión; modo de pensar que pudo ser admisible en pequeñas repúblicas rodeadas de poderosos enemigos, en peligro constante de ser subvertidas por ataques exteriores o conmociones internas, y a las cuales podía fácilmente ser fatal un corto período de relajación en la energía y propia dominación, lo que no las permitía esperar los saludables y permanentes efectos de la libertad. En el mundo moderno, la mayor extensión de las comunidades políticas y, sobre todo, la separación entre la autoridad temporal y la espiritual (que puso la dirección de la conciencia de los hombres en manos distintas de aquellas que inspeccionaban sus asuntos terrenos), impidió una intervención tan fuerte de la ley en los detalles de la vida privada; pero el mecanismo de la represión moral fue manejado más vigorosamente contra las discrepancias de la opinión reinante en lo que afectaba a la conciencia individual que en materias sociales; la religión, el elemento más poderoso de los que han intervenido en la formación del sentimiento moral, ha estado casi siempre gobernada, sea por la ambición de una jerarquía que aspiraba al control sobre todas las manifestaciones de la conducta humana, sea por el espíritu del puritanismo.

Y algunos de estos reformadores que se han colocado en la más irreductible oposición a las religiones del pasado, no se han quedado atrás, ni de las iglesias, ni de las sectas, a afirmar el derecho de dominación espiritual: especialmente M. Comte, en cuyo sistema social, tal como se expone en su Traité de Politique Positive, se tiende (aunque más bien por medios morales que legales) a un despotismo de la sociedad sobre el individuo, que supera todo lo que puede contemplarse en los ideales políticos de los más rígidos ordenancistas, entre los filósofos antiguos.

Aparte de las opiniones peculiares de los pensadores individuales, hay también en el mundo una grande y creciente inclinación a extender indebidamente los poderes de la sociedad sobre el individuo, no sólo por la fuerza de la opinión, sino también por la de la legislación; y como la tendencia de todos los cambios que tienen lugar en el mundo es a fortalecer la sociedad y disminuir el poder del individuo, esta intromisión no es uno de los males que tiendan a desaparecer espontáneamente, sino que, por el contrario, se hará más y más formidable cada día. Esta disposición del hombre, sea como gobernante o como ciudadano, a imponer sus propias opiniones e inclinaciones como regla de conducta para los demás, está tan enérgicamente sostenida por algunos de los mejores y algunos de los peores sentimientos inherentes a la naturaleza humana que casi nunca se contiene si no es por falta de poder; y como el poder no declina, sino que crece, debemos esperar, a menos que se levante contra el mal una fuerte barrera de convicción moral, que en las presentes circunstancias del mundo hemos de verle aumentar.”

Por supuesto, las líneas anteriores no las he escrito yo. Ni mi dominio del lenguaje es tan perfecto, ni se expresar mis ideas con tal precisión y claridad argumentativa. Pertenecen al filosofo político, economista y pensador liberal John Stuart Mill, y fueron escritas hace casi 150 años. Sin embargo, a mi parecer, su exposición esta de rabiosa actualidad y sus conclusiones son plenamente trasladables a nuestra época. Como siempre juzgue el lector, por si mismo, en libertad.

Lee un poco mas aquí.

2 comentarios:

Anónimo dijo...

Qué liberal, Mill, ja ja. El mismo tipejo que decía que la India era una nación de seres infantiles y subdesarrollados que debía ser tutelada por la mano férrea del imperio. ¡Y eso sin haber estado nunca allí! Esa mano "benéfica" que les obligaba a vender materia prima a Inglaterra y luego comprar productos manufacturados a precio más elevados al mismo país.

Con "liberales" como estos, quién necesita nazis, digo yo. En vista de vuestros modelos intelectuales, no sorprenden las cosas que se leen en la RL. Pero es que cuando el seso no llega a más, esto es lo que hay: Pío Moa, César Vidal, y cuatro pensadores desfasados hace más de 100 años.

Igor Yáñez Velasco dijo...

Es fácil descalificar a las personas, más difícil es descalificar o criticar las ideas. Máxime si nos encontramos ante una de las cumbres del pensamiento humano, como es el caso de John Stuart Mill.

La lógica de los argumentos de Mill suele ser impecable, pues parte de afirmaciones difícilmente discutibles: ¿Discutirá alguien que "hay también en el mundo una grande y creciente inclinación a extender indebidamente los poderes de la sociedad sobre el individuo"? ¿No es cierto que "la tendencia de todos los cambios que tienen lugar en el mundo es a fortalecer la sociedad y disminuir el poder del individuo"? ¿No es más cierto que "esta intromisión no es uno de los males que tiendan a desaparecer espontáneamente"? Es discutible la afirmación de que la inclinación del hombre a imponer sus opiniones o reglas de conducata a los demás "casi nunca se contiene si no es por falta de poder"?. A partir de esas premisas hace construye Mill su argumento que es de orden moral.

Malraux en su libro "La condición humana" sostiene también que la tendencia del hombre es a "dominar" a los demás, que esa es la condición humana.

Lo que nos enseña Mill es que debemos luchar contra esa tendencia del Estado o la colectividad con todas nuestras fuerzas y contra cualquier ataque por pequeño que sea construir "una fuerte barrera convicción moral".

No es difícil entender el porqué de un ataque personal a Mill, pues es prácticamente imposible luchar con argumentos contra él. Si eso es todo lo que puede ofrecer la izquierda, estamos a salvo.