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LA FRASE

"Los españoles pertenecemos a la categoría de colectivos a los que tradicional e históricamente preocupó mucho más la diferencia de clases y la injusticia socialque las libertades individuales.

Se perdona mal a los ricos y empresarios la ostentación y el agravio, mientras que los funcionarios públicos pueden difundir secretos, realizar escuchas, propagar infamias y otras mil maneras pergeñadas para el abuso del poder."

domingo, mayo 03, 2009

1 de mayo: ¿día del trabajador ó día del sindicalista?

El viernes se celebro el Día Internacional de los trabajadores (menos en los USA, por qué será). En Madrid y en otros cientos de ciudades de todo mundo se manifestaron los sindicatos, los supuestos representantes de los trabajadores, guardianes del sacrosanto derecho al trabajo que todos tenemos en razón a nuestra dignidad humana. 

En nuestro país, a parte de las veladas amenazas de Huelga General si se abarata el despido, y de los insultos contra los sospechosos habituales, la única “acción social” (y lo de social viene por ser un acto en sociedad) de la jornada que merece ser destacado fue la comilona con el Ministro de Trabajo, Celestino Corbacho, que ya no se atreve a hacer predicciones sobre el paro por miedo a caer, de nuevo, en el más absoluto de los ridículos. Se trato del peaje que han de pagar por las cauntiosas subvenciones que reciben del poder público, única razón por la que no cierran, ante la escasez de afiliados. En la mayor crisis económica y laboral de la historia de España, uno se pregunta "Para que sirven los sindicatos". Aparte, claro, de para vivir de parasitar al resto de los trabajadores y la sociedad en su conjunto, ¿aportan algo?

A mi lo que más me sorprende no es la dichosa inactividad sindical, esperable en un país en que subsisten vestigios del modelo franquista de sindicalismo vertical, camuflado de sindicalismo libre y democrático de acuerdo a la Constitución de 1978, pero cuyos pronunciamientos no han sido desarrollados en todos estos 30 años: seguimos son la necesarisima "Ley de huelga" funcionando con una del año 77, que no asegura los servicios mínimos esenciales; ni hay una legislación sindical en condiciones que exiga un funcionamiento transparente y democrático de estas organizaciones; no se ha garantízado de la libertad de trabajo ni acabado con la discriminación respecto de la Función Pública o los privilegios respecto de los autónomos; o expurgado convenientemente esas dos profesiones sindicales tan loables del liberado sindical y el piquete informativo. Nada de nada. 

Lo que si me deja un tanto desconcertado es el presunto giro ideológico del sindicalismo contemporáneo, español e internacional. Y digo presunto, porque tiene mucho de impostura e hipocresía. Cada 1 de mayo asistimos al mismo grotesco y paradójico espectáculo en que las organizaciones sindicales de todos los países (en especial, en las democracias occidentales, que es donde las permiten sin disparar o encarcelar a sus miembros) manifestándose en compañía de los grupos de lo más variopintos.

Por un lado, los sindicatos, haciendo gala de esa hipocresía que apunta antes, dicen defender los derechos de los trabajadores inmigrantes. Como sabemos por la ciencia económica, las restricciones a la inmigración son fundamentales para mantener altos los salarios de los trabajadores nacionales, asegurando sus puestos de trabajo a medio plazo. Por eso apoyan aunque oficialmente lo nieguen (no vaya a ser que los tachen de reaccionarios) la reducción en los cupos de inmigrantes. Solo que usan eufemismos como que estos "se ajusten a las necesidades del mercado laboral", es decir, la necesidades de los sindicatos. mientras tanto la tasa de paro de los extranjeros se sitúa, ya, en el 28%; la de los nacionales en un 15%.

Los sindicatos dicen también defender los derechos de los niños, incluido su derecho a una educación y a no trabajar. Pero ya ni la Organización Internacional del Trabajo, trasunto de la internacional obrera, busca acabar con el trabajo infantil, y se contenta solo con limitar las condiciones más duras del mismo, porque la alternativa, se sabe, es el abandono familiar y la muerte por inanición, aquí o en otros países. 

En relación conesto último, y siguiendo con el tema educativo, algunos recordamos muy bien como los sindicatos españoles encabezaron las manifestaciones contra todas las reformas educativas del PP, manipulando vergonzosamente a chicos y chicas que no alcanzaban la mayoría de edad. En cambio apoyaron el modelo educativo socialista de la LOSGSE (y su sustituto ahora en marcha, la LOE) que ha destruido la educación secundaria española (y generado graves deficiencias en laeducación superior y universitaria) ostentando hoy de los peores resultados en los informes PISA de la OCDE

En la Comunidad de Madrid se opusieron con fervor a que el Gobierno de Esperanza Aguirre examinase a los alumnos de secundaria, ¡anónimamente!, para así evaluar la calidad de los centros públicos y concertados, aquellos que se pagan con los impuestos de todos. 

Ahora la han emprendido contra BOLONIA porque, dicen, privatizará la Universidad Española. Joder, ¡pues que bien le vendría! 

Tampoco han defendido con fuerza el papel de la formación profesional, abrazando aquel prejuicio pequeño-burgues que hace obligatorio el que todo hijo de obrero aspire a un titulo universitario, aunque este no valga nada en el mercado laboral. No hablemos de la formación en adultos o del INEM.

Todo lo anterior ha limitado enormemente las oportunidades que los hoy menores, mañana jovenes, en el futuro adultos, tendrán de ganarse la vida, y costará una generación o más arreglarlo. Para colmo, la solución dada a esta debacle se ha limitado al engendro de Educación para la Ciudadania, una asignatura transversal (sin contenido alguno definido, mezcla de ética, política, economía, psicología) en la que la mayoria de los libros de texto, incluidos los corregidos y preparados expresamente para ajustarse a la moral cristiana de los centros confesionales, echan pestes del capitalismo: el único sistema economico que ha permitido elevar la vida de las masas de trabajadores a niveles inimaginables en la historia humana.

Más absurda y paletera me parece la alianza sindical con los variados movimientos indígenistas y tribales del Tercer Mundo y paises en desarrollo. Representantes de aquello que Marx (los sindicalistas de hoy no leen a Marx) definió despectivamente como lumpemproletariado; menos que el proletariado, carente de las condiciones ambientales que aporta un entorno de fabrica y capitalismo industrial, e incapaz de promover revolución alguna (involución, si, seguro) al no poseer conciencia de clase como si la tenían los obreros de las naciones desarrolladas (lean lo que le escribia Marx a Lincoln en plena Guerra de Secesión). Estos movimientos son los mejores aliados de la aristocracia antiliberal, que adopta hoy la forma de políticos, burocratas, funcionarios, empresarios privilegiados, y que esta muy lejos de interesase por la "emancipación" y "desalienación" del trabajador. En lugar de asegurarle un futuro mejor y más prospero, intenta mantenerlo a ralla con pequeñas prebendas y ligeras cuotas de poder debidamente tutelado. 

Agotado el modelo nacional de los socialdemocratas y hundido el internacionalismo comunista, la alternativa ideologica son estas corrientes altermundistas indefinidas, herederas a partes iguales de la Teología de la liberación y los movimientos de liberación nacional, y espoleados por progresistas del primer mundo con mala conciencia.

También Marx hubiese visto como ridícula la aceptación por los sindicatos del programa del feminismo radical-progresista, el de cuota, discriminación positiva y rousseaunismo intelectual. Cuan destructivo para los intereses revolucionarios de la clase obrera vería la fragmentación y seapración del proletariado en dos colectivos (hombres y mujeres trabajadoras) con intereses contrapuestos (divide y vencerás). Los hombres de clase trabajadora son para el feminismo tan “opresores” de los derechos de la mujer como cualesquiera otros hombres. Conscientes de lo peligroso de tales ideas, y continuando con la hipocresía que les caracteriza, los sindicatos españoles han conseguido ser el único colectivo social e institucional excluido de la (redactada por ellos) Ley de igualdad; porque claro, todos sabemos que los sindicatos españoles no discriminan.

Para no aburrir al lector no entraremos en el espinoso asunto de las implicaciones que el control de la natalidad y el aborto libre tienen para el control de las llamadas masas proletarias, pero estas políticas son santo y seña de parte del actual sindicalismo feminista, para horror de muchos sindicalistas clásicos que, ¡oh, atención!, provienen del catolicismo social.

En fin, acabando, convertidos los sindicatos de hoy en verdaderos enemigos del trabajador y del progreso material de las masas (¿alguna vez fueron otra cosa?), la única reflexión que merece la pena con motivo del Día de los trabajodores es la siguiente: ó el sindicalismo pierde a los privilegios injustamente adquiridos con los que coacciona al resto de la sociedad y recupera su carácter de asociación voluntaria, renuncía al al demagogía del progresismo, dirigiendo sus críticas contra el poder político y empresarial monopolístico y cartelario, defendiendo la unidad de mercado y la nación frente a las creceintes desigualdades autonómicas; ó más vale que desaparezca

Yo no los voy a echar de menos, y creo que muchos trabajadores, tampoco.

PD: desconozco si existe el Día de la Patronal, pero conste que no tengo inconveniente en dedicarle otro repaso similar a nuestra ilustre clase empresarial, supuesta defensora de la libertad de mercado. Menuda tropa.