Apostilla a la "revolución conservadora"
"Tal vez sea sabio el político que se atiene a la máxima del quieta non movere; pero dicha postura repugna en principio al estudioso. Reconoce éste, desde luego, que en política convine proceder con cautela, no debiendo el estadista actuar en tanto la opinión publica este debidamente preparada y dispuesta a seguirle; ahora bien, lo que aquel jamás hará es aceptar determinada situación simplemente porque la opinión pública la respalde. Es este nuestro mundo actual, donde de nuevo, como en los albores del siglo XIX, la gran tarea estriba en suprimir todos esos obstáculos e impedimento, arbitrados por la insensatez humana, que coartan y frenan el espontáneo desarrollo, es preciso buscar el apoyo de las mentes progresistas; es decir, de aquellos que, aun cuando posiblemente estén hoy moviéndose en dirección equivocada, desean no obstante enjuiciar de modo objetivo lo existente, en orden a modificar todo lo que sea necesario. (…)
Dejo en manos de ese “hábil y sinuoso animal, vulgarmente denominado como estadista o político, que siempre sabe como acomodar sus actos a la situación del momento”* el problema de como incorporar a un programa que resulte atractivo a las masas el ideario (…) de una tradición ya casi perdida. El estudioso en materia política debe ilustrar y aconsejar a la gente; pero no le compete organizarla y dirigirla hacia la consecución de objetivos específicos. El teórico solo desempeñará eficazmente aquella función si prescinde de que sus recomendaciones sean o no plasmables en la práctica. Debe a atender solo a “principios generales que jamás varían”**. Dudo mucho, por ello, que ningún auténtico investigador político jamás pueda ser de verdad conservador. La filosofía conservadora puede ser útil en la práctica, pero no nos brinda ninguna norma que nos indique hacia donde, a la larga, debemos orientar nuestras acciones.
*/** Adam Smith, Riqueza de las naciones."









0 comentarios:
Publicar un comentario en la entrada