¡Visualización óptima de este blog con una resolución de pantalla de 1280 x 1024!

Páginas

LA FRASE

"Los españoles pertenecemos a la categoría de colectivos a los que tradicional e históricamente preocupó mucho más la diferencia de clases y la injusticia socialque las libertades individuales.

Se perdona mal a los ricos y empresarios la ostentación y el agravio, mientras que los funcionarios públicos pueden difundir secretos, realizar escuchas, propagar infamias y otras mil maneras pergeñadas para el abuso del poder."

martes, febrero 15, 2005

Una de "cal" y otra de "arena" para José Antonio Marina

El pasado domingo 14, en la sección La Frase del suplemento Crónica de EL MUNDO, el filosofo José Antonio Marina planteaba una interesante reflexión bajo el titulo: “Problema: ¿un presidente de gobierno legítimamente elegido representa legítimamente a todos los ciudadanos?”, que le llevaba a tratar una de las cuestiones mas polémicas que afectan a las democracias occidentales, la justificación última del modelo democrático. Según Marina:
BlockquoteLa ley de mayorías es solo el procedimiento menos malo para organizar la gobernación. Pero históricamente se ha interpretado de dos maneras. La revolución americana tenía la tiranía democrática de la mayoría, y por eso enfatizo la protección de las minorías. La revolución Francesa, en cambio, creía que el poder, incluso el democrático, debía ser absoluto, y potenciaba las mayorías”. Estas palabras no hacen sino reeditar un viejo debate: el de la Revolución “liberal” burguesa en Francia como modelo político en cuya génesis se encontraba la semilla del socialismo o socialdemocracia, panificadora e intervensionista (y por tanto antiliberal), en contraste con las revoluciones liberales inglesa (conservadora) y americana (progresista o republicana) las cuales enfatizaron la limitación del poder político en todos los ámbitos."
Concluye: “Creo que la interpretación americana es menos peligrosa (bravo por él). Un gobernante legítimamente elegido puede gobernar sectariamente, y, entonces, representa legalmente (la sacrosanta “ley” de los franceses) a todos, pero no realmente”. Sorprende. No lo digo por lo acertado de la cita y su comentario, que a mi me agrada y comparto, sino por la contradicción evidente con lo expuesto solo una semana antes en un artículo publicado en el mismo suplemento bajo el título "Por que voy a votar sí".

Nos cuenta, en el citado artículo, que en Europa esta el origen de los grandes conceptos socio-políticos (democracia, derecho, seguridad social,...) y que por eso debe jugar un papel relevante en el mundo. Contrapone Europa a los EEUU (el mercado) y a China (el Estado) como un modelo basado en la "sociedad". Me gustaría saber que significan estos conceptos para Marina, sobre todo a que se refiere con "sociedad" (conjunto de individuos, de colectivos nacionales, de grupos culturales, a qué) y que no define. Sin embargo, me interesa mucho mas saber como, tras alabar días antes el modelo democrático americano, puede convencernos de las bondades de una Constitución Europea que no hace sino plasmar los excesos del modelo de la Revolución Francesa que él critica y que tanto daño ha hecho a los países europeos. Una Europa donde el peso de los países más grandes y poblados es mayor que ahora y la capacidad de veto de los más pequeños (las minorías) queda muy difuminada es mala. Además, como puede una Europa ser referente político, cultural y social del resto del mundo si en el mismo Preámbulo de su Carta magna ha renunciado a dejar claro que todos esos grandes conceptos que menciona el filósofo se deben a la civilización judeocristiana en la que fue forjada su identidad.

Pone como ejemplo de esta Europa del futuro el “articulo I-4 de la Constitución” (en realidad el texto corresponde al articulo I-3.4, supongo se tratará de un error en la trascripción). Hagan el juego de cambiar la palabra Unión Europea, por cualquiera de estas (u otra que se les ocurra): el Estado, la Iglesia, los EEUU, la ONU, el nombre de una ONG cualquiera, la comunidad de vecinos... y tendrán una enorme vaciedad propia del discurso del mejor demagogo.

Habla, también, de las bondades del Consejo de Laeken (Bélgica, diciembre de 2001) y sus declaraciones (mera formulación de principios y guías para el futuro, aunque más clara que la propia Constitución Europea) al tiempo que ignora el Tratado de Niza (la base para Laeken). y como el texto parido por la Comisión d’Estaing entierra todo ello en un pesado y mal redactado manto de palabras y artículos, indigerible para cualquier ciudadano medio (y una constitución no debería ser eso, sino clara, sencilla, corta, inteligible y no reiterativa en conceptos vagos e indeterminables).

No menos me sorprende que la defienda diciendo que “no es tan mercantilista y neoliberal” (aunque no sé, si se da cuenta de que ambas palabras no son necesariamente sinónimos, mas bien lo contrario) como señalan algunos, y separa una vez mas, sin explicar el porque, al mercado de la sociedad. Tiene razón en algo, no es tan neoliberal (si entendemos neoliberal como la recuperación del liberalismo clásico hecha por Reagan y Theacher), por consagrar un modelo ultra-burocrático y de grandes deficiencias democráticas.

Mas tiempo llevaría (y más aburrido para el lector seria) intentar dar una explicación a los conceptos de soberanía mínima y soberanía máxima, así como desglosar el modelo posnacional y de soberanía permeable de los que habla el autor. Si me da el animo, un día de estos le dedico unas líneas.

Por todo esto, le doy una de cal y otra de arena a J.A. Marina. Además del habitual “toque liberal”.