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LA FRASE

"Los españoles pertenecemos a la categoría de colectivos a los que tradicional e históricamente preocupó mucho más la diferencia de clases y la injusticia socialque las libertades individuales.

Se perdona mal a los ricos y empresarios la ostentación y el agravio, mientras que los funcionarios públicos pueden difundir secretos, realizar escuchas, propagar infamias y otras mil maneras pergeñadas para el abuso del poder."

domingo, septiembre 11, 2005

Liberalismo, Cristianismo y Matrimonio (2)

CAPITULO 2: LIBERALISMO Y CRISTIANISMO. "RERUM NOVARUM" DE LEÓN XIII.

Otro de los argumentos utilizados para devaluar la opinión de algunos liberales en relación con el matrimonio homosexual gira alrededor de la conexión existente entre el liberalismo español y la Iglesia Católica, que lo hace conservador por recoger parte de las ideas u opiniones de esta. Habría que dedicar decenas de anotaciones a la sarta de mentiras que sobre la religión cristiana en general y el catolicismo en particular ha sembrado la izquierda desde hace 2 siglos, pero ahora solo quiero detenerme en el motivo de que en nuestro país haya muchos liberales católicos (o por lo menos simpatizantes del pensamiento católico), menda incluido. Para empezar, el liberalismo moderado en España nunca se caracterizo por su anticatolicismo, no como el liberalismo más radical decimonónico. Con mayor o menor acierto trato de encuadrar las necesarias reformas sociales y políticas que necesitaba España sin proceder a un ataque directo contra la Iglesia. Yo como creo que muchos otros nos inscribimos dentro de esta tradición política. Pero el factor decisivo no proviene de la actitud hacia la religión o la Iglesia en particular sino de la naturaleza misma del liberalismo. Por la inclinación de los liberales al pensamiento racional y el análisis juicioso, conocemos bastante bien nuestra religión y su historia. Si catolicismo y liberalismo pueden ir de la mano en muchos aspectos es porque no desdeñamos el amplio e influyente legado que desde el del XIX envuelve el mensaje de la Iglesia y que integro la corriente denominada “catolicismo liberal”. Esto a muchos les sonara a chino, pero se trató de una corriente dentro del seno de la Iglesia que buscaba aunar el pensamiento liberal y la filosofía moral y ética del catolicismo (tal como lo habían hecho las confesiones protestantes). Su existo fue demoledor. La conclusión a la que llegaron los estudiosos y teólogos fue que catolicismo y libertad eran inseparables, sin libertad el catolicismo no seria posible. También a la inversa, sin el apoyo de una institución fuerte como la Iglesia Católica seria difícil que la libertad sobreviviera al siglo XIX lleno de amenazas nacionalistas, marxistas y relativistas. Seria absurdo negar que el redescubrimiento del catolicismo como filosofía de libertad fue consecuencia en gran medida del estudio de las causas y consecuencias del cisma religioso cristiano. Tales fueron las enseñanzas que desde la encíclica “Rerum novarum” de León XIII hasta la “Centessimus annis” de Juan Pablo II el liberalismo no ha tenido problema alguno para integrarse dentro del pensamiento de la Iglesia. Cosa distinta son las relaciones concretas entre instituciones cuyo análisis excede de lo pretendido con esta anotación que no es mas ni menos que dar cuenta de como la supuesta incompatibilidad de los valores cristianos con el liberalismo es otra invención de la izquierda similar a la que asocia a la Iglesia Católica con la oposición al pensamiento científico, el capitalismo, la libertad o la evolución. Como muestra un botón de lo que decía León XIII en 1891:

“2. Para solucionar este mal, los socialistas, atizando el odio de los indigentes contra los ricos, tratan de acabar con la propiedad privada de los bienes, estimando mejor que, en su lugar, todos los bienes sean comunes y administrados por las personas que rigen el municipio o gobiernan la nación. Creen que con este traslado de los bienes de los particulares a la comunidad, distribuyendo por igual las riquezas y el bienestar entre todos los ciudadanos, se podría curar el mal presente. Pero esta medida es tan inadecuada para resolver la contienda, que incluso llega a perjudicar a las propias clases obreras; y es, además, sumamente injusta, pues ejerce violencia contra los legítimos poseedores, altera la misión de la república y agita fundamentalmente a las naciones.

3. Sin duda alguna, como es fácil de ver, la razón misma del trabajo que aportan los que se ocupan en algún oficio lucrativo y el fin primordial que busca el obrero es procurarse algo para sí y poseer con propio derecho una cosa como suya. Si, por consiguiente, presta sus fuerzas o su habilidad a otro, lo hará por esta razón: para conseguir lo necesario para la comida y el vestido; y por ello, merced al trabajo aportado, adquiere un verdadero y perfecto derecho no sólo a exigir el salario, sino también para emplearlo a su gusto. Luego si, reduciendo sus gastos, ahorra algo e invierte el fruto de sus ahorros en una finca, con lo que puede asegurarse más su manutención, esta finca realmente no es otra cosa que el mismo salario revestido de otra apariencia, y de ahí que la finca adquirida por el obrero de esta forma debe ser tan de su dominio como el salario ganado con su trabajo. Ahora bien: es en esto precisamente en lo que consiste, como fácilmente se colige, la propiedad de las cosas, tanto muebles como inmuebles. Luego los socialistas empeoran la situación de los obreros todos, en cuanto tratan de transferir los bienes de los particulares a la comunidad, puesto que, privándolos de la libertad de colocar sus beneficios, con ello mismo los despojan de la esperanza y de la facultad de aumentar los bienes familiares y de procurarse utilidades.

4. Pero, lo que todavía es más grave, proponen un remedio en pugna abierta contra la justicia, en cuanto que el poseer algo en privado como propio es un derecho dado al hombre por la naturaleza. En efecto, también en esto es grande la diferencia entre el hombre y el género animal. Las bestias, indudablemente, no se gobiernan a sí mismas, sino que lo son por un doble instinto natural, que ya mantiene en ellas despierta la facultad de obrar y desarrolla sus fuerzas oportunamente, ya provoca y determina, a su vez, cada uno de sus movimientos. Uno de esos instintos las impulsa a la conservación de sí mismas y a la defensa de su propia vida; el otro, a la conservación de la especie. Ambas cosas se consiguen, sin embargo, fácilmente con el uso de las cosas al alcance inmediato, y no podrían ciertamente ir más allá, puesto que son movidas sólo por el sentido y por la percepción de las cosas singulares. Muy otra es, en cambio, la naturaleza del hombre. Comprende simultáneamente la fuerza toda y perfecta de la naturaleza animal, siéndole concedido por esta parte, y desde luego en no menor grado que al resto de los animales, el disfrute de los bienes de las cosas corporales. La naturaleza animal, sin embargo, por elevada que sea la medida en que se la posea, dista tanto de contener y abarcar en sí la naturaleza humana, que es muy inferior a ella y nacida para servirle y obedecerle. Lo que se acusa y sobresale en nosotros, lo que da al hombre el que lo sea y se distinga de las bestias, es la razón o inteligencia. Y por esta causa de que es el único animal dotado de razón, es de necesidad conceder al hombre no sólo el uso de los bienes, cosa común a todos los animales, sino también el poseerlos con derecho estable y permanente, y tanto los bienes que se consumen con el uso cuanto los que, pese al uso que se hace de ellos, perduran.

5. Esto resalta todavía más claro cuando se estudia en sí misma la naturaleza del hombre. Pues el hombre, abarcando con su razón cosas innumerables, enlazando y relacionando las cosas futuras con las presentes y siendo dueño de sus actos, se gobierna a sí mismo con la previsión de su inteligencia, sometido además a la ley eterna y bajo el poder de Dios; por lo cual tiene en su mano elegir las cosas que estime más convenientes para su bienestar, no sólo en cuanto al presente, sino también para el futuro. De donde se sigue la necesidad de que se halle en el hombre el dominio no sólo de los frutos terrenales, sino también el de la tierra misma, pues ve que de la fecundidad de la tierra le son proporcionadas las cosas necesarias para el futuro.

Las necesidades de cada hombre se repiten de una manera constante; de modo que, satisfechas hoy, exigen nuevas cosas para mañana. Por tanto, la naturaleza tiene que haber dotado al hombre de algo estable y perpetuamente duradero, de que pueda esperar la continuidad del socorro. Ahora bien: esta continuidad no puede garantizarla más que la tierra con su fertilidad.”

6. Y no hay por qué inmiscuir la providencia de la república, pues que el hombre es anterior a ella, y consiguientemente debió tener por naturaleza, antes de que se constituyera comunidad política alguna, el derecho de velar por su vida y por su cuerpo. El que Dios haya dado la tierra para usufructuarla y disfrutarla a la totalidad del género humano no puede oponerse en modo alguno a la propiedad privada. Pues se dice que Dios dio la tierra en común al género humano no porque quisiera que su posesión fuera indivisa para todos, sino porque no asignó a nadie la parte que habría de poseer, dejando la delimitación de las posesiones privadas a la industria de los individuos y a las instituciones de los pueblos. Por lo demás, a pesar de que se halle repartida entre los particulares, no deja por ello de servir a la común utilidad de todos, ya que no hay mortal alguno que no se alimente con lo que los campos producen. Los que carecen de propiedad, lo suplen con el trabajo; de modo que cabe afirmar con verdad que el medio universal de procurarse la comida y el vestido está en el trabajo, el cual, rendido en el fundo propio o en un oficio mecánico, recibe, finalmente, como merced no otra cosa que los múltiples frutos de la tierra o algo que se cambia por ellos.

7. Con lo que de nuevo viene a demostrarse que las posesiones privadas son conforme a la naturaleza. Pues la tierra produce con largueza las cosas que se precisan para la conservación de la vida y aun para su perfeccionamiento, pero no podría producirlas por sí sola sin el cultivo y el cuidado del hombre. Ahora bien: cuando el hombre aplica su habilidad intelectual y sus fuerzas corporales a procurarse los bienes de la naturaleza, por este mismo hecho se adjudica a sí aquella parte de la naturaleza corpórea que él mismo cultivó, en la que su persona dejó impresa una a modo de huella, de modo que sea absolutamente justo que use de esa parte como suya y que de ningún modo sea lícito que venga nadie a violar ese derecho de él mismo.

8. Es tan clara la fuerza de estos argumentos, que sorprende ver disentir de ellos a algunos restauradores de desusadas opiniones, los cuales conceden, es cierto, el uso del suelo y los diversos productos del campo al individuo, pero le niegan de plano la existencia del derecho a poseer como dueño el suelo sobre que ha edificado o el campo que cultivó. No ven que, al negar esto, el hombre se vería privado de cosas producidas con su trabajo. En efecto, el campo cultivado por la mano e industria del agricultor cambia por completo su fisonomía: de silvestre, se hace fructífero; de infecundo, feraz. Ahora bien: todas esas obras de mejora se adhieren de tal manera y se funden con el suelo, que, por lo general, no hay modo de separarlas del mismo. ¿Y va a admitir la justicia que venga nadie a apropiarse de lo que otro regó con sus sudores? Igual que los efectos siguen a la causa que los produce, es justo que el fruto del trabajo sea de aquellos que pusieron el trabajo. Con razón, por consiguiente, la totalidad del género humano, sin preocuparse en absoluto de las opiniones de unos pocos en desacuerdo, con la mirada firme en la naturaleza, encontró en la ley de la misma naturaleza el fundamento de la división de los bienes y consagró, con la práctica de los siglos, la propiedad privada como la más conforme con la naturaleza del hombre y con la pacífica y tranquila convivencia. Y las leyes civiles, que, cuando son justas, deducen su vigor de esa misma ley natural, confirman y amparan incluso con la fuerza este derecho de que hablamos. Y lo mismo sancionó la autoridad de las leyes divinas, que prohíben gravísimamente hasta el deseo de lo ajeno: «No desearás la mujer de tu prójimo; ni la casa, ni el campo, ni la esclava, ni el buey, ni el asno, ni nada de lo que es suyo»."

Pero todo esto no es tan relevante como parece, no lo es porque el liberalismo no tiene entre sus pretensiones transformar, absorber o destruir ninguna opción moral o ética personal que surja de la libre conciencia del hombre y que no trate de imponerse por la fuerza a los demás, sea de origen religioso, laico o mediopensionista. El liberalismo limita sus esfuerzos intelectuales a luchar contra los proyectos, pensamientos e ideologías colectivistas o conservadoras (en sentido irracional), sean de izquierdas o de derechas, porque llevan irremediablemente a la coacción y la represión del individuo. También se opondría, ¿por qué no? al relativismo democrático, según el cual toda decisión tomada por la mayoría automáticamente adopta carta de naturaleza para la sociedad en su conjunto. Esto es, muy de lejos, irracional, y por eso antiliberal. Toda decisión democrática que no parte de un análisis racional de la realidad (debatida y contrastada) suele ser por regla general inútil, de mala calidad y, muchas mas veces, perniciosa para la libertad. Como decía KARL POPPER, “la razón es producto de la evolución” y no a la inversa. Es el progreso y el conocimiento lo que acerca al hombre a la razón y no la supuesta capacidad racional innata la que nos descubre la verdad. En esa tesis, la izquierda tiene el patrimonio. En contra de lo que muchos creen, el pensamiento religioso, lejos de ser un obstáculo para la evolución del hombre, ha sido lo único que ha mantenido vivo el pensamiento racional durante épocas difíciles de la historia de la humanidad, ha servido de vinculo con él y lo a conservado para futuras generaciones.

La conclusión que quiero establecer en este segundo capitulo es que la autentica libertad, en esencia, es patrimonio del liberalismo, no por otro motivo que el de ser la única libertad racional. Muy de cerca le sigue el cristianismo y el catolicismo como perpetuadoras de la civilización occidental. Cuando cualquier ideología habla de libertad lo hace desde el mundo de las ideas (esto es libertad por que creo que es libertad), es decir, desde el platonismo, filosofía predilecta de los totalitarios. El liberalismo defiende una libertad racional, es la única corriente de pensamiento o filosofía no idealista. A pesar de ello, los liberales podemos, a veces, parecer unos idealistas por la perseverancia con la que defendemos la libertad del hombre para decidir su propio futuro y buscar la felicidad personal, aunque esta actitud pueda despertar la incredulidad del lector u oyente. El ser humano, por desgracia, se demuestra demasiadas veces reacio tanto al progreso como al uso de su capacidad racional, encontrándose mas a gusto entre pensamientos e ideologías no exigentes, ideales y sobreprotectoras, tal y como aseguraban el mismo POPPER o HAYEK. El liberalismo y el Cristianismo son todo lo contrario a estas aptitudes.

Para terminar volvamos a Leon XIII y veamos que comenta acerca del matrimonio y la familia:

"9. Ahora bien: esos derechos de los individuos se estima que tienen más fuerza cuando se hallan ligados y relacionados con los deberes del hombre en la sociedad doméstica. Está fuera de duda que, en la elección del género de vida, está en la mano y en la Voluntad de cada cual preferir uno de estos dos: o seguir el consejo de Jesucristo sobre la virginidad o ligarse con el vínculo matrimonial. No hay ley humana que pueda quitar al hombre el derecho natural y primario de casarse, ni limitar, de cualquier modo que sea, la finalidad principal del matrimonio, instituido en el principio por la autoridad de Dios: «Creced y multiplicaos»(2).

He aquí, pues, la familia o sociedad doméstica, bien pequeña, es cierto, pero verdadera sociedad y más antigua que cualquiera otra, la cual es de absoluta necesidad que tenga unos derechos y unos deberes propios, totalmente independientes de la potestad civil. Por tanto, es necesario que ese derecho de dominio atribuido por la naturaleza a cada persona, según hemos demostrado, sea transferido al hombre en cuanto cabeza de la familia; más aún, ese derecho es tanto más firme cuanto la persona abarca más en la sociedad doméstica.

Es ley santísima de naturaleza que el padre de familia provea al sustento y a todas las atenciones de los que engendró; e igualmente se deduce de la misma naturaleza que quiera adquirir y disponer para sus hijos, que se refieren y en cierto modo prolongan la personalidad del padre, algo con que puedan defenderse honestamente, en el mudable curso de la vida, de los embates de la adversa fortuna. Y esto es lo que no puede lograrse sino mediante la posesión de cosas productivas, transmisibles por herencia a los hijos. Al igual que el Estado, según hemos dicho, la familia es una verdadera sociedad, que se rige por una potestad propia, esto es, la paterna. Por lo cual, guardados efectivamente los límites que su causa próxima ha determinado, tiene ciertamente la familia derechos por lo menos iguales que la sociedad civil para elegir y aplicar los medios necesarios en orden a su incolumnidad y justa libertad. Y hemos dicho «por lo menos» iguales, porque, siendo la familia lógica y realmente anterior a la sociedad civil, se sigue que sus derechos y deberes son también anteriores y más naturales. Pues si los ciudadanos, si las familias, hechos partícipes de la convivencia y sociedad humanas, encontraran en los poderes públicos perjuicio en vez de ayuda, un cercenamiento de sus derechos más bien que una tutela de los mismos, la sociedad sería, más que deseable, digna de repulsa.

10. Querer, por consiguiente, que la potestad civil penetre a su arbitrio hasta la intimidad de los hogares es un error grave y pernicioso. Cierto es que, si una familia se encontrara eventualmente en una situación de extrema angustia y carente en absoluto de medios para salir de por sí de tal agobio, es justo que los poderes públicos la socorran con medios extraordinarios, porque cada familia es una parte de la sociedad. Cierto también que, si dentro del hogar se produjera una alteración grave de los derechos mutuos, la potestad civil deberá amparar el derecho de cada uno; esto no sería apropiarse los derechos de los ciudadanos, sino protegerlos y afianzarlos con una justa y debida tutela. Pero es necesario de todo punto que los gobernantes se detengan ahí; la naturaleza no tolera que se exceda de estos límites. Es tal la patria potestad, que no puede ser ni extinguida ni absorbida por el poder público, pues que tiene idéntico y común principio con la vida misma de los hombres. Los hijos son algo del padre y como una cierta ampliación de la persona paterna, y, si hemos de hablar con propiedad, no entran a formar parte de la sociedad civil sino a través de la comunidad doméstica en la que han nacido. Y por esta misma razón, porque los hijos son «naturalmente algo del padre..., antes de que tengan el uso del libre albedrío se hallan bajo la protección de dos padres»(3). De ahí que cuando los socialistas, pretiriendo en absoluto la providencia de los padres, hacen intervenir a los poderes públicos, obran contra la justicia natural y destruyen la organización familiar."

Las conexiones con el pensamiento liberal son mas que evidentes.

3 comentarios:

copypaste dijo...

Te has dejado mi trozo preferido de Rerum Novarum. Es del punto primero.


"...Añádase a esto que no sólo la contratación del trabajo, sino también las relaciones comerciales de toda índole, se hallan sometidas al poder de unos pocos, hasta el punto de que un número sumamente reducido de opulentos y adinerados ha impuesto poco menos que el yugo de la esclavitud a una muchedumbre infinita de proletarios."

En centessimus annus otro puntillo, casi casi socialdemócrata.

"Para conseguir estos fines el Estado debe participar directa o indirectamente. Indirectamente y según el principio de subsidiaridad, creando las condiciones favorables al libre ejercicio de la actividad económica, encauzada hacia una oferta abundante de oportunidades de trabajo y de fuentes de riqueza. Directamente y según el principio de solidaridad, poniendo, en defensa de los más débiles, algunos límites a la autonomía de las partes que deciden las condiciones de trabajo, y asegurando en todo caso un mínimo vital al trabajador en paro."

Alberto Neira dijo...

Muy timidamente socialdemocratasa
medidas perfectamente asumibles desde la obra Mill o Hayek.

El principio de subsidiarieda esta en la base del liberalismo, aquello que pueda hacer el mercado que lo haga el mercado, lo que no pueda el mercado el Estado. Hay ejemplos muy claros, desde el "falso" ejmplo de los faros de Adam Smith. Pasando por la educacion publica de Mill (compatible y no excluyente del sistema de bonos de Friedman, mejoró la idea ce Mill). Hasta el sistema sanitario y de seguridad social publicos de caracter minimo para aquellos trabajadores cuya escasa productivida les impida acceder al sistema privado, de Hayek.

En cuanto al principio de solidaridad. La solidaridad no es antiliberal, esto es algo que no termino de entnder porque el empeño de que la solidaridas es de izquierdas. Primero por que la solidaridad tiene efectos retributibo a medio plazo (hoy por ti, mañana por mi.). Segundo porque establecer un marco legal para los contratos de trabajo no es antiliberal. De hecho la legislacion deberia mas menudo recoger los usos y jurisprudencia al respecto para mejorar la regulacion de los mismos, lo que incluye eliminar aquellas leyes laborales perniciosas. Un ejemplo claro de esto son imponer salarios minimos desligado de la productividad pues deja en el paro a los trabajadores que se vuelven no rentables. En cambio un salario minimo ajustado a la productividad impide que se den situaciones de esclavitud.Tambien fue el capitalismo mismo en la medida en que se le pernmitio actuar el que fue menguando las condiciones precarias aumentando la productividad de los trabajadores con los avances tecnologicos e industriales.

Los problemas contractuales tambien son solucionables mediante el dialogo trabajadores/empresarios (el liberalismo no niega los sindicatos), tribunales arbitrales, etc,... La ley viene despues no antes.

Ambos principios solidaridad y
subsidiariedad estan en las obras
de Hayek, y son recogidos por Juan Pablo II como consecuencia de sus dialogos con el economista.

Alberto Neira dijo...

Sobre la explotacion obrera, que quieres que te diga, el siglo XIX lejos de ser el triunfo del liberalismo mas bien fue el germen de todas las teorias modernas antiliberales. Marxismo, reformismo social, estado del bienestar, nacionalismo,... Ademas muchas de las situaciones de explotacion se debian mas a la permisividad y complaciencia de politicos con aquellos monopolios de los que eran dueños o accionistas. Es decir, mercantilismo, lo contrario que el libre mercado. Casos como el de las concesiones para la construccion del ferrocarril en la epoca de la colonizacion que creeo grandes latifundios no explotados en manos de las compañias de ferrocarriles com los que especulaban a costa de los colonos. Tambien la ley Sherman que elimino toda competencia a la Standar Oil, etc... (y hablamos de los USA, no quiero ni meterme en Europa.

Evidentemente suprimi el primer parrafo, no por emular las tacticas "progres" de escoger lo que nos conviene de un texto. El motivo es mas sencilo: tal aparttado es iirelevante. A la luz de lo que a continuacion relata Leon XIII esta claro que la precocupacion del pontifice es con ideologias antiliberales. Para solucionlar los defectos del sistema capitalista esta el uso de la razon y la etica.